Esta receta es el paraíso para los amantes del café. Es una tarta con una textura increíble, que recuerda a un tiramisú, pero con la firmeza y sencillez de una tarta de queso.
Es tan fácil que te va a sorprender y, si quieres algo aún más refrescante, puedes probar nuestra tarta de café helada. No te pierdas, además, el vídeo en la que nuestra compañera Carmen Tía Alia te explica paso a paso cómo hacerla.
Empezamos preparando la estructura. Disolvemos la gelatina neutra en 100 ml de agua, removiendo bien. La dejamos reposar hasta que se endurezca y, justo cuando la necesitemos, le damos un golpe de calor en el microondas para que vuelva a estar líquida. Este paso es el que hará que nuestra tarta tenga una firmeza perfecta sin pasar por el horno.
En un bol grande, combinamos el queso crema, la leche, la nata y la leche condensada. Añadimos nuestro café favorito y, aquí el mejor consejo: utiliza una batidora de brazo. Queremos una mezcla homogénea, sin un solo grumo. Por último, incorporamos la gelatina líquida (que esté templada, no hirviendo) y removemos hasta que todo esté bien integrado. ¡El aroma ya es increíble!
¡Vamos con el montaje! Preparamos otro café, esta vez un poco más aguado. Vamos mojando las galletas una a una y cubrimos la base de nuestro molde. Si es desmontable, mejor; si no, forralo bien con papel vegetal. Ahora, alternamos: una capa de galletas, un poco de nuestra crema de café... y repetimos hasta terminar con todo.
Llevamos la tarta a la nevera y la dejamos reposar mínimo cuatro horas, aunque toda la noche es lo ideal para que coja el cuerpo perfecto. Una vez bien cuajada, solo queda desmoldar con cuidado. Puedes decorarla con un poco de cacao en polvo, granos de café o virutas de chocolate.
Con qué acompañar la tarta
Esta tarta de café fría es ideal para servir como postre en cualquier celebración veraniega, pues es muy refrescante y bastante ligera. Lógicamente, va muy bien acompañada de cualquier café.
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