En el barrio de Sants (Trasvessera de les Corts 180) existe un espacio donde la tradición del arroz se hereda de generación en generación. Se llama Alive, un restaurante que desafía los prejuicios y demuestra que el sabor "a mar" no depende de un ingrediente animal, sino de la técnica y el respeto por el producto.
Con una carta que fusiona lo clásico con lo innovador, Alive ha logrado lo que muchos consideraban imposible: convencer incluso a los paladares más escépticos de que la cocina plant-based es, simplemente, cocina deliciosa.
Alive busca ser ese restaurante "de toda la vida" donde siempre hay variedad. Su propuesta es un recorrido por la cocina mediterránea gourmet: desde tapas y especialidades hasta pastas y opciones de fast food con un toque sofisticado. Es una carta diseñada para innovar, descubrir nuevas creaciones y repetir sin aburrirse. Buñuelos a la vizcaína, canelones de verduras, albóndigas caseras o ñoquis en salsa de setas son algunos de los hitos de su menú. Y la lista continúa.
Aunque todos sus platos tienen entidad propia, la paella es uno de los emblemas de la gastronomía española y por ello, el desafío de adaptarla al público vegano fue su reto más ambicioso.
Lograr la profundidad de sabor de una paella marinera sin utilizar pescado requiere maestría y mucha experimentación. En Alive, la base de todo reside en un sofrito tradicional de verduras de temporada con cebolla, puerro, pimiento, calabacín y zanahoria pochadas con paciencia. La esencia del mar se obtiene gracias a un caldo meticulosamente infusionado con el punto justo de algas, que aportan ese matiz salino y profundo.
Para completar la experiencia sensorial, el plato se corona con gambas y calamares de origen vegetal, logrando un resultado visualmente atractivo y sumamente convincente. El contraste entre la firmeza del grano de arroz y la textura carnosa de los calamares y gambas vegetales es lo que termina por romper cualquier prejuicio.
Uno de los mayores retos al "veganizar" estas recetas es mantener intacta su esencia. Para el equipo de Alive, la clave fue entender que la estructura de una buena paella ya es, en su origen, vegetal. El desafío real consistió en ajustar las proporciones de las algas y encontrar los sustitutos ideales del marisco.
El resultado incluye, por supuesto, el codiciado socarrat: esa capa crujiente y caramelizada que consiguen jugando con la potencia del fuego al final de la cocción y dándole un toque maestro de horno, asegurando la textura auténtica que todo amante del arroz busca.
"¡Esto no parece vegano!" es, irónicamente, uno de los cumplidos que más se escuchan en el salón de Alive. Para ellos, el objetivo está cumplido. Muchos clientes consumidores de carne o pescado llegan con una visión escéptica y terminan regresando por su cuenta, sin necesidad de ser acompañados por alguien vegano.
El mensaje del restaurante es claro: para juzgar hay que probar. Invitan a los comensales a dejar de lado los prejuicios y la predisposición a la comparación negativa para, simplemente, degustar. Una paella, sea convencional o vegana, debe ser valorada por su sabor y ejecución, no por sus etiquetas.
El nombre del restaurante no es casualidad. Revelado recientemente en su octavo aniversario, "Alive" (Vivo) es un homenaje a la vaca Margarita, del santuario El Hogar Animal Sanctuary. Tras una intensa lucha legal para evitar su sacrificio, Margarita logró vivir en libertad, convirtiéndose en el símbolo de la posición ética del local.
Alive nace de esa historia personal intensa, con el deseo de unir los valores mediterráneos a una cocina que no necesita explotar animales para obtener buenos y deliciosos resultados. El respeto se siente también en el trato: un servicio cercano que convierte la comida en una celebración ya sea para comidas familiares o cenas con amigos escépticos y sin dudas, un punto de encuentro para los amantes del buen arroz.
El restaurante abre de martes a sábado en horario partido de 13:00 a 16:30 y de 20:00 a 23:00, mientras que los lunes y domingos solo ofrecen servicio de mediodía de 13:00 a 16:30, permaneciendo cerrados durante la noche.
Imagen | cedidas por Alive, Fundación El Hogar