Puede que este escenario te parezca conocido... especialmente en un día de verano, cuando llegas a casa cansado, con cero ganas de complicarte en la cocina, pero queriendo cenar algo que te llene, que de verdad esté rico y no sea otra ensalada o una sopa fría.
Para esos días, preparo una tosta con revuelto de espinacas. Y lo mejor es que está listo en apenas 10 minutos y sin ensuciar de más la cocina.
El secreto del éxito está en lograr una textura súper cremosa y jugosa en el revuelto, huyendo del huevo seco. Para lograrlo, hay que saltear las espinacas frescas un par de minutos, justo hasta que bajen su volumen, y en ese instante añadir los huevos batidos a fuego muy suave.
La paciencia es el ingrediente clave para que el huevo cuaje despacito y se logre esa mezcla suave que casi parece una crema. Una vez listo, lo coloco sobre una rebanada de pan tostado: el contraste entre la cremosidad del revuelto y el crunch del pan es sencillamente increíble.
Siguiendo en la misma sintonía de opciones fáciles y rápidas, esta tostada se puedes acompañar de dos formas. Por un lado, en la misma sartén donde hiciste el revuelto, saltea un puñado de tomatitos enteros a fuego alto durante 3 o 4 minutos. Cuando empiecen a abrirse y dorarse, añade una pizca de sal, orégano y un chorrito de vinagre balsámico. ¡Quedan sumamente jugosos! O bien, una ensalada mediterránea de sandía y queso feta aporta una frescura necesaria al plato final.
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