Ya se siente el buen tiempo y en la cocina se nota también; el cuerpo ya no nos pide los guisos potentes de invierno. Este risotto de calabacín es súper cremoso, delicioso y, lo mejor de todo, se hace con pocos ingredientes que seguro tienes en la nevera.
Es un plato de diez para dar la bienvenida a la estación. ¿El secreto? Tener paciencia con el arroz y cariño con el calabacín. Lo cortamos en daditos pequeños para que casi se deshaga y se integre con el arroz, dándole ese color verde clarito tan primaveral. Pero lo importante está en el acabado final: lo que lo hace irresistible es la lluvia generosa de queso rallado por encima. No escatimes, porque cuando el queso empieza a fundirse con el calor del arroz, se hace un gratinado que es brutal. En cada cucharada se mezcla la suavidad de la verdura con el puntazo salado del queso.
Lo mejor de esta receta es que, aunque el calabacín es el rey, admite muchísimas variaciones para que lo hagas totalmente personal. Si buscas un contraste de texturas, puedes añadir un puñado de frutos secos tostados como piñones o nueces justo antes de servir. Para un final más aromático, unas hojas de albahaca fresca o menta picada al final le dan una dimensión de frescura que resalta el conjunto.
Servido en un cuenco bonito y junto a una copa de vino blanco bien frío, acompaña de maravilla la cremosidad del queso. Si prefieres algo sin alcohol, una limonada casera con jengibre y mucho hielo resaltará el frescor de la verdura. En definitiva, es una opción vegetariana de lujo para sorprender a cualquier invitado.
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