En pleno corazón de su casco antiguo, el distrito de Niederdorf es visita obligada para cualquiera que pise la ciudad suiza de Zúrich. Es fácil perderse en el encanto de sus estrechas calles de piedra, llenas de establecimientos históricos y pintorescos, hasta que un local llama inevitablemente la atención, la Bodega Española. Un emblemático restaurante cuyo camarero más veterano llegó un día desde Galicia hace más de 30 años y ya es toda una institución en el barrio.
Fundada en 1874 por el catalán Pedro Gorgot con el nombre original de «Casa Gorgot», lo que empezó más como una tienda de vinos y comestibles españoles pasaría en la generación siguiente a convertirse en uno de los restaurantes más icónicos de la ciudad. A mediados del siglo pasado pasó a manos de la familia Winistörfer manteniendo la defensa de la tradición culinaria española, ligeramente adaptada al gusto helvético y extranjero, hasta que en 2023 asumió la dirección la familia Segmüller.
Un rasgo que ha procurado conservar esta taberna y restaurante es conservar el contacto con la propia cultura española a través de sus empleados, desde la cocina hasta la sala. Después de 33 años trabajando aquí como camarero, el gallego Mario Villanueva es toda una institución del local y de la propia ciudad vieja, infatigable conquistando tanto a los turistas que están de paso como a los vecinos del barrio y clientes más fieles que llevan años frecuentando la Bodega.
Villanueva, de 63 años, lleva sirviendo a los clientes de la Bodega Española desde 1993, y seguirá haciéndolo hasta su jubilación, en apenas dos años. Serán muchos los clientes que echarán en falta su diligencia atendiendo la sala del espacio de la taberna, de la pequeña terraza o del restaurante, en la histórica Sala Morisca. Entre ellos, Herrn Christoph, el que fuera su primer cliente hace tres décadas y que sigue siendo uno de los parroquianos habituales, mezclándose entre los turistas de todas las nacionalidades.
Mario Villanueva es natural de Lalín (Pontevedra), pero apenas contaba con 18 años cuando se marchó a Suiza para trabajar en una panadería como ayudante de su tío. Poco después dejó los hornos para empezar a labrarse una carrera en la hostelería, pasando por varios restaurantes de la ciudad suiza hasta que, de la mano de unos compañeros, aterrizó en la Bodega a principios de los 90. Y desde entonces no se ha movido de allí.
Según asegura en un reportaje que le ha dedicado el diario suizo Tages Anzeiger, no ha faltado ni un solo día a su puesto de trabajo ni por enfermedad, y no necesita hacer deporte porque recorre “unos 30 kilómetros al día” mientras atiende a los clientes a lo largo de su jornada. Afirma mantener la misma ilusión por su trabajo que desde el primer día, y disfruta más el turno de tarde-noche cuando acude al local un público más joven, que suele crear una atmósfera más alegre y distendida, recordándole al ambiente de los bares de tapas y tabernas de España.
Villanueva puede presumir de conocer mucho mejor la Bodega Española que los propios dueños actuales, y el restaurante reconoce el valor de tener un empleado tan fiel y veterano, que sabe conectar rápidamente con el público y se mueve como pez en el agua entre la diversidad de clientes que pasan por el famoso local. Al 'señor Christoph' sin duda le dejó huella cuando le atendió por primera vez, pues aún recuerda la tapa de queso de cabra con una copa de manzanilla que le sirvió hace 33 años; “Es el mejor camarero que se pueda desear” afirma con rotundidad.
Imágenes | Bodega Española