A menudo no estar en una gran ciudad te resta visibilidad, pero eso no significa que no seas espectacular o que no se te conozca. No hablamos esta vez de personas, sino de una de las catedrales más imponentes de España, concretamente de la catedral de San Antolín, en Palencia.
Al punto de que, aunque su fama no trascienda la de otras construcciones sacras españolas, no le resta ni un ápice de encanto, al punto de que se la conozca popularmente como La Bella Desconocida.
Bella –y enorme–, tanto que es, junto con la basílica del Pilar, en Zaragoza, la catedral más larga de España con una nave central de 130 metros, superando incluso –en este sentido– a las vastísimas dimensiones de la catedral de Sevilla.
La fachada de San Antolín.
Aunque, evidentemente, quedarse en el tamaño sería hacer un flaco favor a una catedral que conserva restos visigóticos y en la cual podemos encontrar hasta cinco estilos arquitectónicos y artísticos diferentes desde ese origen visigodo –la cripta de San Antolín data del siglo VII– hasta los detalles barrocos.
No obstante y aunque Palencia sea uno de los hitos del románico español, lo cierto es que la catedral es mayormente gótica, sorprendiendo además en sus dimensiones al verla exteriormente y el tamaño sobrecogedor que tiene en su interior, donde la altura del ábside supera los 40 metros.
Vista exterior del ábside.
Además de las dimensiones, entre las sorpresas de la catedral, el ojo experto advierte que hay una cantidad de artistas que dejaron su ello en ella a un nivel insospechado. Algunos de los primeros espadas del arte de su tiempo como El Greco, Pedro Berruguete, Juan de Flandes o Gregorio Fernández dejaron su impronta en retablos, esculturas y pinturas dentro de San Antolín.
No solo eso. La catedral de Palencia conserva otro par de rarezas, casi anacrónicas, que están entre sus encantos más recurrentes. Uno de ellos es el conocido Papamoscas, un autómata asociado al reloj, que permite conocer las horas dentro del edificio cuando tocan fuera y, sobre todo, el particular triforio.
Órgano y bóveda central de la catedral.
En origen, muchas iglesias lo tenían, pero actualmente pocas –no digamos ya catedrales– mantienen abierta esta galería que se sitúa bajo los arcos de las naves laterales y desde los cuales se puede ver a más de 15 metros de altura toda la nave central de la catedral.
Lo curioso sobre los triforios es que no estaban pensados –ni mucho menos– para usarse como galería o como grada turística, sino que tenía una intención práctica: servir para el mantenimiento de la catedral. Por eso, aunque también tiene una intención decorativa, no tiene el tamaño y anchura de las tribunas, sí enfocadas a ser usadas para el público.
Todo un conjunto de singularidades que hablan claramente de la relevancia de Palencia durante la Edad Media y el Renacimiento y que permiten que su catedral sea, por méritos propios, uno de los mejores reclamos turísticos de toda Castilla y León.
Imágenes | Turismo Palencia / Turismo de Castilla y León
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