La privilegiada situación estratégica de la isla de Malta en pleno Mediterráneo la han convertido hoy en un popular destino turístico, acogiendo visitantes atraídos por sus playas, su patrimonio histórico, sus paisajes, sus bonitas ciudades y pueblos o su gastronomía. Pero también tiene un curioso parque temático muy poco conocido con un protagonista inesperado: Popeye el marino.
Corría el año 1980 cuando un jovencísimo Robin Williams dio el definitivo salto al cine protagonizando su primera película. Desafortunadamente para él, y para su director, Robert Altman, Popeye no fue el éxito que esperaban, a pesar de la popularidad del famoso personaje de cómic y animación. Por suerte, aquel primer bache no frenó la gran carrera de Williams, dejando para el olvido su peculiar encarnación del marino forzudo. Como olvidados quedaron los decorados, abandonados a su suerte en la ciudad costera de Malta que había acogido el rodaje.
Pero los habitantes de Mellieha vieron en ese set de rodaje un diamante en bruto al que solo había que pulir un poco para convertirlo en un nuevo atractivo, y fuente de ingresos, de su localidad.
El rodaje de la película, coproducida por Paramount Pictures y Walt Disney Productions, comenzó en enero de 1980, teniendo lugar íntegramente en el set construido el año anterior para la ocasión en la bahía de Ancla, en el concejo de Mellieha, una bonita ciudad costera situada al norte de Malta. Se construyeron casi una veintena de grandes estructuras de madera con troncos y otros materiales transportados desde Holanda y Canadá para recrear el ficticio pueblo marino de Sweethaven, donde transcurre la película.
Las pantallas verdes no eran todavía una opción por aquel entonces y no había mejor efecto que el que el propio paisaje mediterráneo podía dejar en el filme, así que todo tenía que ser lo más realista posible. Quizá demasiado, pues se llegaron a construir más edificios y detalles de los realmente necesarios para las escenas de la película, lo que, unido a los retrasos en el rodaje, sumó más sobrecostes a la obra, generando una inversión que jamás se pudo recuperar tras su fracaso en taquilla. Incluso se llegó a levantar un gran rompeolas para proteger el set del oleaje.
Aquella inversión no podía desperdiciarse, y si nadie de Hollywood la reclamaba, ahí estaban los malteses más emprendedores.
Popeye Village no quiere engañar a nadie: no es Disneyland ni mucho menos un Universal Studios en miniatura, pero está lleno de encanto. Con un perfil de público claramente orientado a familias con niños, este reconvertido parque temático aprovecha el ambiente de cuento de otra época y la atmósfera marinera para ofrecer una visita divertida y pintoresca, recreando el estilo de los pueblos estadounidenses de los años 20 como aparecían en las tiras cómicas.
Además del encanto que tiene pasear por un antiguo set de rodaje y rememorar el mundo del icónico Popeye, Sweethaven Village alberga un museo dedicado al forzudo marinero y sus amigos y multitud de pequeñas atracciones para toda la familia. El parque acoge también zonas de juegos, talleres y actividades varias, y se ameniza la visita con diferentes espectáculos y desfiles protagonizados por actores disfrazados, que van cambiando según la época del año. También hay donde comer y se puede aprovechar para hacer un paseo en barco por la bahía o darse un chapuzón y tomar el sol durante los meses de verano.
Abre todo el año con diferentes horarios y el precio de la entrada va desde los 15 euros por adulto en temporada baja, hasta los 25 euros en temporada alta, con descuentos para niños y mayores. Y también se puede alquilar para eventos y celebrar bodas.
Imágenes | Wikimedia Commons/Frank Vincentz - Popeye Village
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