
Aunque, por regla general, no soy muy del gusto de sopas, caldos y demás comidas de cuchara —salvo mi la fabada y el pote asturiano— el gazpacho andaluz siempre ha sido plato de mi agrado.
Antes de que hubiera tomates todo el año, era una receta ideal para el verano, no solo por su poder refrescante al ser una sopa fría, sino porque era perfecto para gastar todos esos tomate camino de la perdición.
Hoy en día el gazpacho se puede preparar cuando se quiera y, para los más perezosos, hay una gran variedad de gazpacho preparado y envasado de venta en todos los supermercados. Uno de ellos es este gazpacho andaluz Solfrío que he tenido el placer de probar.



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Hay tantas variedades de gazpacho como personas que lo elaboran, pero todos nacen de la misma base, tomate, pimiento verde, pepino, ajo, cebolla, pan duro, aceite de oliva, agua y sal. Este plato refrescante y nutritivo ocupa la mesa de más de la mitad de los españoles en la época estival y afortunadamente, todavía se sigue elaborando en casa.