En los últimos meses, un runrún oleícola lleva agitando el sector del aceite de oliva a nivel mundial: la hipotética venta de la empresa Deoleo –española, y propietaria de marcas como Carbonell, Hojiblanca o Koipe–.
Tras algunos ejercicios dando bandazos, la compañía con sede en Sevilla ya está saneada económicamente y sus propietarios, mayormente fondos de inversión como CVC Capital Partners y Alchemy Partners creen que está suficientemente madura como para deshacerse de ella, más aún tras unos resultados de 2025 que han arrojado un beneficio neto de 20 millones de euros.
En la puja, sobre todo, dos nombres: la también española Dcoop y la italiana Pietro Coricelli, aunque hay otra tercera –Acesur, también española–. El precio, aún por negociar, pero se estima que la operación podría saldarse en unos 500 millones de euros, aunque el embrollo del tema no está exclusivamente en los orígenes de las empresas, sino a dónde son capaces de llegar los pujantes por hacerse con una compañía que ahora está en números verdes y que llega a mercados tan potentes como Estados Unidos con marcas como Bertolli o Carapelli.
Se estima que la oferta de Coricelli es, de momento, la más generosa, llegando a esos 500 millones de euros, mientras que Dcoop –que envasa aceites tan conocidos como Coosur o La Española– se plantaría en los 470 millones de euros y Acesur ofrecería hasta 460 millones.
Eldorado americano: por qué interesa Deoleo
Sin embargo, la relevancia de Deoleo no está en lo que sucede en España, sino en lo que pasa fuera. Deoleo facturó en 2025 nada menos que 821 millones de euros, de los cuales se estima que más del 20% corresponde a sus exportaciones a Estados Unidos, el país que se considera la gallina de los huevos de oro en términos de exportación oleícola y el principal motivo también por el que Coricelli entraría en la ecuación de querer pujar por una Deoleo que nominalmente es española, pero cuyo accionariado depende de grandes fondos de inversión.
Se supone que Coricelli va en cabeza, especialmente por haber iniciado la puja y por poner más dinero sobre la mesa, habida cuenta de un magnífico 2025 que ha aupado su facturación hasta los más de 400 millones de euros, condición que no parece intimidad a la empresa italiana para poner sobre la mesa 500 millones por Deoleo.
Bruselas en la recámara
Lo que sucede y con lo que se recela en el caso español es sobre la posibilidad de que una empresa nominalmente italiana controlase Deoleo que es, por volumen, la primera empresa aceitera del mundo y, además, las posibles contradicciones que surgieran con los términos comunitarios en el caso de que alguna de las aceiteras españolas comprasen la empresa, generando algunas situaciones oligopolistas que Bruselas bloquease.
Lo que sí es cierto es que hay una medida, de la que habla el periódico Cinco Días, como es el famoso escudo antiopas que permitiría en la teoría evitar que empresas extrajeras –aún siendo de la Unión Europea– adquieran empresas estratégicas españolas.
No obstante, esta posibilidad es especialmente remota por las condiciones de la operación, por lo que queda esperar y ver quién deshoja la margarita y, como algunas voces temen en el sector, que los propietarios de Deoleo acaben desgajando la empresa y vendan marca a marca, en vez del portafolio conjunto.
Imágenes | Deoleo