Mucho, mucho tiempo antes de que el aire acondicionado se convirtiera en un elemento habitual en los hogares, la arquitectura tradicional española ya recurría a soluciones capaces de mejorar el confort durante el verano.
Una de las soluciones más conocidas son las persianas alicantinas, un sistema que todavía hoy sigue utilizándose por su capacidad para proteger del sol y favorecer la ventilación.
Un sistema impasible
Su diseño apenas ha cambiado con el paso de los años. Están formadas por lamas horizontales unidas mediante cuerdas que permiten enrollarlas o desplegarlas según la cantidad de luz o sombra que se necesite. A diferencia de otros cerramientos, no bloquean completamente el paso del aire, por lo que permiten ventilar mientras reducen la incidencia directa del sol.
Un colchón térmico frente al calor
Uno de los principales beneficios de este tipo de persianas es que crean una pequeña cámara de aire entre ellas y la ventana o la puerta del balcón. Esa separación actúa como una barrera natural frente a la radiación solar y evita que buena parte del calor llegue directamente al interior de la vivienda.
Al mismo tiempo, las lamas dejan circular el aire, de modo que el calor no queda atrapado como ocurre con otros sistemas de protección completamente opacos. Según explica la empresa especializada Persianas Alicantinas, este diseño ayuda a mantener una temperatura más agradable y puede reducir la necesidad de utilizar sistemas de climatización durante las horas de mayor insolación.
Asimismo, es ideal para prevenir la entrada de mosquitos y moscas y sirve tanto en verano como en invierno para evitar que los cambios bruscos de temperatura penetren en el hogar.
Balcones orientados al sur y al oeste
Las persianas alicantinas resultan especialmente eficaces en fachadas que reciben muchas horas de sol, como las orientadas al sur o al oeste. Al generar una amplia zona de sombra, también protegen los muebles de exterior, las plantas y los cerramientos acristalados del sobrecalentamiento.
Además de mejorar el confort, contribuyen a que el suelo y las paredes del balcón acumulen menos calor, algo que termina repercutiendo también en la temperatura del interior de la vivienda.
Madera o PVC
Actualmente pueden encontrarse en distintos materiales. Las de madera mantienen la estética tradicional y ofrecen un buen comportamiento como aislante natural, mientras que las fabricadas en PVC requieren menos mantenimiento y resisten mejor la humedad y la exposición continuada al exterior.
Aunque hoy existan sistemas de climatización mucho más sofisticados, las estrategias de protección solar pasiva continúan siendo una de las formas más eficaces de reducir el calor antes de que entre en casa. Las persianas alicantinas responden justamente a esa filosofía: no enfrían el aire, sino que ayudan a impedir que la radiación solar caliente la vivienda.
Su funcionamiento, completamente mecánico y sin consumo eléctrico, explica por qué siguen formando parte de tantas fachadas mediterráneas décadas después de su popularización. Algunas de las soluciones más eficaces contra el calor llevan generaciones demostrando que, en ocasiones, la mejor tecnología es también la más sencilla.
Fotos | Pexels/Harshit Mehta y Leroy Merlin
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