Algunos lineales de supermercado se han convertido en una competición de a ver quién tiene más productos con proteínas, por inverosímiles que sean, para atraer a un público a priori más healthy que está inmerso de lleno en dietas hiperproteicas.
No faltan zumos, batidos, yogures, postres lácteos e, incluso, ya empieza a verse a algunos clásicos como en la balda de los fiambres y embutidos querer competir en una liga de los productos altos en proteína. Liga, por otra parte, en la que llevan estando toda la vida, pero donde nunca habían sentido sus fabricantes la necesidad de andar marcando paquete proteico.
Por eso, si estás en esa tesitura de buscar alimentos más proteicos y pones tus ojos en la charcutería, deberías tener en cuenta que hay un elemento vertebrador de la chacinería española que le da sopas con hondas, como popularmente se dice, a elementos tan amarrados al perfil fitness como el jamón cocido o la pechuga de pavo.
Es cierto que la pechuga de pavo y el jamón cocido suelen ofrecer un buen perfil proteico. Dependiendo del producto, solemos hablar de unas 18 o 20 gramos de proteínas por cada 100 gramos, lo cual no está nada mal.
Sobre todo, teniendo en cuenta que son versátiles y se pueden incluir sin complicaciones en prácticamente cualquier momento del día, aunque no vamos a dejar de recordar que son carnes procesadas –y ya sabemos qué dice la OMS sobre las carnes procesadas y su consumo recurrente–.
Con todo y con eso, si andas buscando un embutido que sea mejor que el jamón cocido o que la pechuga de pavo para meter proteínas en tu dieta, no tienes que mirar ni al jamón curado ni al chorizo, sino al clásico lomo embuchado.
Con diferencia, por su método de elaboración, el lomo embuchado es uno de los embutidos más proteicos que vas a encontrar, donde no cuesta verle presumir de hasta 35 gramos de proteínas por cada 100 gramos de producto. Una auténtica bomba proteica que, en circunstancias normales, pocos elementos del súper igualan.
Evidentemente, hay letra pequeña. El lomo embuchado, al ser un producto curado, también tiene un porcentaje de sal mucho más elevado que el jamón cocido. Hablamos de una diferencia que suele estar entre los 3,5 y 4 gramos de sal por cada 100 de producto para el lomo, mientras que el jamón cocido suele situarse en el gramo y medio.
Además, el lomo embuchado también tiene más grasa que el jamón cocido. No muchísima, es cierto, para ser un producto del cerdo, ya que al provenir de un corte tan magro como el lomo, el porcentaje de grasa es mucho menor al que vamos a encontrar en jamones, chorizos o salchichones.
Imágenes | Nicolas Postiglioni / Adonyi Gábor