Cómo empezar un compost casero en enero con restos de cocina

Los residuos de frutas, verduras y hojas secas pueden transformarse en abono natural incluso en invierno

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Joana Costa

Editor

Hacer compost en enero es posible si se equilibran los materiales y se protege la mezcla del frío. Aunque las temperaturas bajas ralentizan el proceso, no lo detienen. Los restos orgánicos de la cocina, como peladuras, posos de café y cáscaras de huevo, pueden seguir siendo un recurso valioso para plantas y huertos, más cuando la primavera, en el fondo, va a suceder a esta estación en menos que canta un gallo.

El invierno, de hecho, es un buen momento para empezar sin prisas. Al generar menos cantidad de residuos verdes que en verano, resulta más fácil aprender a combinar los materiales y evitar problemas habituales como los malos olores o el exceso de humedad gracias a las temperaturas frescas. La clave está en alternar restos húmedos con materia seca y mantener una mínima aireación.

Además, iniciar un compost casero en esta época permite llegar a la primavera con una base ya activa. Cuando suben las temperaturas, el proceso se acelera de forma natural y el compost madura con mayor rapidez, justo cuando el jardín, las macetas o el huerto empiezan a demandar más nutrientes.

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Ojo al recipiente

El primer paso es elegir un recipiente adecuado. Un cubo con tapa, una compostera doméstica o un cajón de madera funcionan bien siempre que tengan ventilación.

Combinar residuos

Los residuos se dividen en dos grupos: verdes (húmedos) y marrones (secos). Los verdes incluyen restos frescos de fruta y verdura; los marrones son papel sin tinta, cartón, hojas secas o serrín. La clave está en combinar ambos para evitar malos olores.

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Mezcla aireada

En invierno, los marrones son especialmente importantes porque absorben humedad y mantienen la mezcla aireada. Añadir un puñado cada vez que se tiran restos frescos evita que el compost se compacte.

No dejar de remover

Otro gesto útil es remover la mezcla de vez en cuando para oxigenarla. El aire acelera la descomposición y evita que aparezcan insectos, algo en lo que el compost necesita esta ayuda extra por nuestra parte.

Tapar con una manta

Asimismo, si hace mucho frío, cubrir la compostera con una manta vieja o colocarla cerca de una pared ayuda a mantener la temperatura, y sobre todo, que la mezcla no sufra congelaciones ni se desestabilice.

Con paciencia, los restos de cocina se transforman en un abono oscuro, ligero y rico en nutrientes que mejora la tierra de macetas y jardines.

Foto | Pexels

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