Admitámoslo: el roscón de Reyes es muy vistoso y muy bonito pero su característica forma es su peor enemigo. Salvo que nos lo zampemos de una tacada rápidamente, en el momento en que lo cortamos con el cuchillo empieza su acelerada decadencia.
El roscón es una masa de panadería enriquecida, es decir, depende de los fermentos naturales para levar – no es un bizcocho ni un pastel – y su miga está formada por proteínas, grasas y azúcares que le aportan el sabor, la jugosidad y la esponjosidad. El problema es que, en cuanto se enfría al salir del horno, irá perdiendo humedad y aroma; al cortarlo y exponer el interior al aire la cuenta atrás se acelera.
Ya podemos intuir por qué su forma de rosco no le hace ningún bien. Al sacar la primera porción, dejaremos inevitablemente dos extremos cortados, dos partes expuestas al aire por donde irá secándose y perdiendo ternura. Si es un roscón grande y largo, su vida fresca será aún más breve. Por eso, si queremos que nos dure un poco más antes de tener que reaprovecharlo haciendo pudin de roscón, conviene cortarlo correctamente.
Para ello recomendamos seguir los consejos que ya nos dejó hace un tiempo la panadera Beatriz Echevarría, fundadora y propietaria de El Horno de Babette, donde hacen uno de los mejores, y más peculiares, roscones de Reyes de España: cortarlo directamente por la mitad.
Es decir, nada de sacar una primera porción e ir cortando las demás siguiendo la línea de los extremos, sino ejecutar un corte completo que divida el roscón en dos. De este modo, cuando no estemos cortando más, podremos unir las dos mitades, juntando las migas de los cuatro cortes. El propio roscón será el que se tape y proteja a sí mismo, sin tener que cubrir los cortes con papel de aluminio o plástico film.
Y a la hora de ir cortando nuevas raciones, no tenemos más que alternar los extremos cortados, para ninguno se quede atrás y se reseque antes que los demás. Es recomendable unir las mitades en cuanto se corta, aunque lo dejemos en la mesa dispuesto en ese servicio por si alguien quiere repetir; cuanto menos esté la miga al aire, mejor, aunque sean unos pocos minutos. A la hora de guardarlo para más tarde, sí es importante envolverlo, con las mitades bien unidas sin dejar hueco para el aire, en film.
No lo metas jamás en la nevera salvo que esté relleno con nata, trufa, crema pastelera o cualquier otro mejunje que exija refrigeración para evitar intoxicaciones. Guárdalo mejor dentro del horno frío, en una panera, fresquera o armario limpio, fresco, seco y sin olores raros.
Lo mejor, en cualquier caso, es comerlo cuanto antes; hasta el mejor roscón de Reyes del mundo pierde calidad rápidamente pasadas las primeras 24 horas.
En DAP | Cómo conservar el roscón de Reyes para que dure tierno y fresco durante más tiempo
En DAP | Trucos y consejos para hacer un roscón de Reyes perfecto