La razón por la que la menta sabe a frío y produce sensación de frescor en la boca: está engañando al cerebro

El cerebro recibe unas señales falsas de bajas temperaturas que nos hacen percibir un frescor que en realidad no existe

Menta
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Liliana Fuchs

Editor

El frío no es un sabor, pero si te metes unas hojas de menta en la boca tu cerebro te hará creer lo contrario. El característico aroma que desprende esta planta lo usamos para describir otros sabores y olores, pero si algo distingue a la menta, es esa curiosa sensación de frescor. Una sensación que se extiende a chicles, caramelos, pastas de dientes o cualquier producto que contenga menta en alguna de sus formas, y que podría ayudarnos a refrescarnos en verano. 

La clave está en el mentol, un terpeno o compuesto orgánico volátil presente en todas las plantas del género Mentha, especialmente rico en las Mentha arvensis y Mentha piperita. Además de tener lo que reconocemos como sabor mentolado, el mentol también hace algo muy particular cuando entra en contacto con nuestra boca o sentido del gusto: activa los receptores TRPM8 de las terminaciones nerviosas de la boca.

Son receptores neuronales, es decir, recogen información que transmiten al cerebro, y este actúa en consecuencia. El problema es que es fácil engañarle cuando llega información falsa o, digamos, no del todo correcta. Es algo muy similar a lo que sucede cuando comemos comida picante rica en capsaicina, solo que se activan receptores distintos.

El mentol, concretamente, se une a los receptores TRPM8 y los modifica, permitiendo que entre calcio y que se active una señal en el cerebro que este interpreta como bajas temperaturas. Así, el cerebro responde pensando que el organismo está en contacto con algo frío, y por eso nos deja una sensación de frescor en la boca. Es un fenómeno químico que se conoce como quimioestesia.

Cuando el mentol se extiende por toda la cavidad bucal, por ejemplo al beber un vaso de agua inmediatamente después de cepillarte los dientes o mientras masticas un chicle, el efecto se potencia, se activan más receptores y estos estarán más abiertos a interpretar las señales que lleguen como algo frío. De este modo, tendrás la sensación de estar inhalando aire fresco durante un rato, y esa sensación contaminará cualquier alimento o bebida que ingieras. Además de darle sabor a menta, claro.

Los beneficios de engañar al cerebro con mentol

La industria alimentaria, cosmética y farmacéutica llevan muchos años usando el mentol en su forma natural o sintética para aprovechar esa capacidad de engaño en beneficio propio. La pasta de dientes y los enjuagues bucales suelen tener sabor a menta porque dejan sensación de frescor en la boca, dando la sensación de una mayor limpieza bucal.

Limonada Menta

También los chicles y caramelos de menta refrescan la boca y la garganta, lo que se identifica con un buen aliento, y en las pastillas para la tos y la congestión producen la sensación de despejar las vías respiratorias, aunque no sea cierto. Al volverse más sensibles, simplemente tenemos la impresión de que pasa más aire por ellas, y eso nos produce alivio.

De forma similar actúa como remedio contra dolores musculares, pesadez y sensación de calor en las piernas y otras partes del cuerpo, por lo que el mentol está muy presente en aceites corporales, geles y cremas de masaje, incluso en champús diseñados para refrescar y limpiar el cuero cabelludo más sensible o con picores. Incluso puede ayudar a reducir el dolor en dolores de cabeza y migrañas.

Ahora sabemos que, además, el mentol puede ser una buena ayuda para combatir las altas temperaturas, sobre todo de cara a practicar deporte con calor. Según algunos estudios, los deportistas que se aplican un enjuague bucal con mentol durante la actividad física reducen la sensación de calor y mejoran su rendimiento. Pero ojo, porque la temperatura corporal seguirá siendo la misma, aunque tu cerebro crea que está más fresco.

Imágenes | Magnific/fabrikasimf/user14908974

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