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“La cocina caníbal”, de Roland Topor

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Que nadie se asuste. No va en serio. Llega una nueva edición de esta obra maestra del genial e iconoclasta Roland Topor, La cocina caníbal. Mordaz humor negro de mano de uno de los autores más originales del siglo XX, fundador junto con Fernando Arrabal y Jodorowski del grupo Pánico de teatro de vanguardia.

Escritor, dramaturgo, dibujante, director de teatro, actor de cine ocasional (secundario en el Nosferatu de Herzog) y diseñador de vestuarios y escenarios, Topor es un artista nacido en París con claras tendencias surrealistas en sus trabajos. Una de sus obras sirvió de guión a la inquietante película de Roman Polanski “El quimérico inquilino”, y uno de sus filmes de animación “El planeta salvaje” (1973) fue premiado en Cannes.

En esta edición que presenta ahora Tropo Ediciones se incluye un prólogo de Fernando Arrabal. Se rescata así uno de los libros más enigmáticos y bellos del escritor, sobre todo por las excelentes ilustraciones originales del propio autor. Algunas de sus divertidas y macabras recetas son: miope al gratín, hombre a la sal gruesa, bebé salteado a la brissac, niña en servilleta o la muy apetecible financiero al horno (en quién estaría yo pensando).

Como muestra un botón, para que nadie se llame a engaño respecto a esta un tanto escandalosa obra:

Receta de enamorados desenamorados: Separe a dos enamorados. Ponga en una olla un trozo de mantequilla del tamaño de un bebé. Cuando la mantequilla esté caliente, mate a los enamorados deshechos en lágrimas, vacíelos, y, después, póngalos a cocer juntos. Cuando hayan adquirido una bonita palidez, retírelos. Haga un caldo con harina y mantequilla, sal, pimienta, un ramito de muguete (si es temporada), tomillo y laurel. Vuelva a echar a los enamorados en la olla, con una docena de cebollitas tiernas y, quince minutos antes de servir, añada unos cuantos champiñones. Se pueden agregar unos golpes y unas cuantas heridas.

Reconozco que me atrae el humor negro y la sátira que se desprende de su lectura. Una obra diferente, desde luego. Una cosa más, que a nadie se le ocurra poner en práctica sus recetas, por si acaso.

Vía | Tropo Editores
En Directo al Paladar | Cocina y literatura en la Revista Litoral, Poesía a la carta

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