A finales de febrero, cuando los días empiezan a alargarse y el uso de la calefacción se vuelve más puntual, los radiadores pasan a un segundo plano que poco a poco va relegándolos a la nada. Es justo en ese momento cuando conviene prestarles atención. Limpiarlos antes de dejar de usarlos no es solo una cuestión estética, sino una tarea de mantenimiento que influye en el confort y en el estado del sistema.
Durante todo el invierno, los radiadores acumulan polvo, pelusas y suciedad en su interior y en la parte trasera. El aire caliente hace que esas partículas se quemen lentamente, generando olores desagradables y reduciendo la capacidad de emitir calor de forma uniforme. Si no se limpian ahora, esa suciedad se queda meses adherida hasta la próxima temporada.
El primer paso es apagar completamente la calefacción y dejar que los radiadores estén fríos. Limpiarlos en caliente no solo es incómodo, sino que dificulta que el polvo se desprenda correctamente. Una vez fríos, conviene proteger el suelo colocando una toalla o papel absorbente debajo, ya que la suciedad suele caer al limpiarlos.
Un secador de pelo, ideal
La limpieza interior es la más olvidada y también la más importante. Usar un cepillo largo y estrecho, o incluso un plumero flexible, permite llegar a los huecos donde se acumula la mayor parte del polvo. En muchos hogares se utiliza también aire frío de un secador o una pera de aire para expulsar la suciedad hacia abajo antes de aspirarla.
Una vez liberado el polvo interior, se recomienda aspirar bien la zona, incluyendo la pared trasera y el suelo. Este paso evita que la suciedad vuelva a depositarse en el radiador en pocos días y mejora la calidad del aire en la habitación, algo especialmente útil para personas con alergias.
Para la parte exterior, basta un paño ligeramente humedecido con agua tibia y unas gotas de detergente neutro. Es importante no empapar la superficie, sobre todo en radiadores de hierro o aluminio, para evitar marcas o corrosión. En modelos blancos, insistir suavemente ayuda a recuperar el color original tras meses de uso.
Si el radiador tiene rejillas superiores desmontables, conviene retirarlas y limpiarlas aparte. En esa zona se concentra mucha suciedad que pasa desapercibida durante el invierno. Una limpieza a fondo ahora evita que en otoño reaparezcan olores al encender la calefacción por primera vez.
Ventilación de la estancia
Ventilar bien la estancia tras la limpieza es un paso clave. Dejar que el radiador se seque por completo evita humedades y asegura que quede en buen estado durante los meses en los que no se usará. Es un gesto sencillo que marca la diferencia a largo plazo.
Realizar esta limpieza a finales de invierno permite cerrar la temporada de calefacción con la casa a punto. Cuando llegue el próximo frío, los radiadores solo necesitarán una mínima puesta a punto para arrancar sin olores y funcionando de forma más eficiente desde el primer día.
Fotos | IA/ChatGPT
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