Vivimos en la edad de la proteína, o al menos así lo pregonan los gurús de Instagram y otras redes sociales, que insisten en que hay que meter proteína hasta en la sopa.
Por suerte, hay platos que se llevan haciendo en casa durante décadas, que puedes tener listos en apenas un cuarto de hora y que van sobrados de proteínas sin necesidad de dejarse arrastrar por los influencers de turno. Es precisamente lo que sucede con una de las recetas más fáciles que vas a encontrar entre los revueltos de nuestro recetario: este revuelto de ajetes con gambas.
Clásico donde los haya entre los segundos platos del menú del día de decenas de restaurantes, el revuelto de ajetes con gambas ha pasado por modas y épocas hasta prácticamente desaparecer de muchas cartas, pero podemos hacerlo en casa sin complicarnos la vida. Aquí lo único que hay que hacer es cortar los ajos tiernos en trozos de dos o tres centímetros, batir los huevos, limpiar las gambas y añadir un poquito de leche en un bol; ahora verás por qué.
Mientras tanto, ponemos los ajos tiernos a cocer en un cazo con agua hirviendo hasta que queden bien tiernos. Pasado ese tiempo, los escurrimos y los reservamos.
En una sartén con un poquito de aceite de oliva los salteamos y, mientras se hacen, cortamos las colas de las gambas en dos o tres trozos, para que queden piezas de bocado, del mismo tamaño que los ajetes. Cuando estén listas, las añadimos a la sartén, las salteamos hasta que cambien de color y agregamos la leche al huevo batido, mezclándolo de nuevo antes de verterlo en la sartén.
Apagamos el fuego y, con el calor residual, dejamos que el revuelto se cocine, removiendo con una cuchara de madera y moviendo la sartén. Así resolvemos el plato en apenas 15 minutos, sin complicarnos la vida.
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