En el archipiélago noruego de Svalbard, célebre por sus estrictas normas de conservación de la fauna ártica, las autoridades han impuesto una fuerte sanción económica a una persona que utilizó la sirena de niebla de una embarcación para interrumpir el descanso de un oso polar. El episodio, revelado por CNN, tuvo lugar a comienzos de agosto, cuando el dispositivo sonoro se activó justo frente a un ejemplar que dormía en la orilla.
Según el mismo medio, el gobernador de la región, Lars Fause, resolvió aplicar una multa equivalente a 5.300 dólares tras analizar el caso, al concluir que se trató de un acto deliberado y perjudicial para un animal protegido por la ley ambiental de Svalbard. El infractor aceptó abonar la sanción sin oponer resistencia.
Todo sucedió en un fiordo situado en el norte del archipiélago, una de las zonas más aisladas del Ártico. Los tripulantes de un barco avistaron al oso dormido en tierra y, en ese momento, alguien accionó la sirena de niebla de la embarcación, un dispositivo pensado para emitir señales de advertencia en condiciones de escasa visibilidad, no para interactuar con animales.
El sobresalto fue instantáneo: el oso se despertó de golpe y tuvo que abandonar el lugar donde descansaba, según relató el propio gobernador Fause. Para las autoridades locales, ese desplazamiento forzado equivale a una perturbación innecesaria de una especie que la normativa protege desde hace décadas.
Las reglas vigentes en Svalbard prohíben expresamente molestar, atraer o acosar a los osos polares. Su caza, además, está vetada desde que la especie obtuvo protección legal internacional en 1973.
Las distancias que marca la ley
La legislación establece límites precisos de aproximación: entre julio y febrero no se puede estar a menos de 300 metros de un oso polar, mientras que entre marzo y junio –temporada reproductiva– esa distancia se eleva a 500 metros. Estas medidas buscan minimizar cualquier alteración en el comportamiento natural de los animales.
Para el gobernador, el hecho de que el sonido de la sirena no fuera accidental resultó determinante a la hora de fijar el castigo: se entendió que hubo una violación consciente de la norma y un perjuicio directo al bienestar del animal.
Geoff York, vicepresidente de investigación y políticas de la organización Polar Bears International, explicó a CNN que, durante el verano, los osos suelen permanecer largas horas inactivos como estrategia para ahorrar energía en un momento en que el deshielo les dificulta el acceso a las focas, su principal alimento. Esta conducta resulta clave para su supervivencia, sobre todo en los ejemplares que se encuentran en buena condición física a la espera de que regrese el hielo.
Según York, alterar el descanso de un oso en esta época del año puede tener consecuencias directas sobre su capacidad de sobrevivir y reproducirse, un riesgo que se agrava en el caso de hembras embarazadas o que están amamantando. El gasto energético provocado por un susto innecesario, subrayó, no tiene ninguna justificación cuando el acceso a presas con alto contenido graso ya es limitado.
Actualmente, se calcula que la población de osos polares en Svalbard y el mar de Barents ronda los 3.000 ejemplares, de los cuales unos 300 permanecen en el archipiélago durante todo el año, mientras que otros migran hacia zonas más remotas del Ártico, como Tierra de Francisco José, en el extremo norte de Rusia.
Imágenes | Francesco Ungaro