La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha concluido la reevaluación de la sal de aspartamo-acesulfamo y ha concluido que su uso y consumo no plantea problemas de seguridad para el ser humano.
A pesar de su nombre, este aditivo alimentario es un edulcorante sintético que se utiliza como endulzante acalórico, con un poder endulzante hasta 350 veces superior al del azúcar común. El código numérico bajo el que se utiliza en la Unión Europea es E-962, y es resultado de la combinación de dos partes de aspartamo y una de acesulfamo K, siendo un 75% más dulce que sus componentes separados.
Una vez ingerido, se disocia en sus componentes: aspartamo y acesulfamo K
Todos los aditivos alimentarios autorizados para su comercialización, distribución y consumo en la Unión Europea deben haber superado previamente una evaluación de seguridad por la EFSA, según dicta el Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo. Además, se establece que se mantengan bajo vigilancia continua y que la EFSA los vuelva a evaluar cada cierto tiempo, o si aparece evidencia científica que ponga en duda su seguridad.
Tras la adopción del Reglamento (UE) 257/2010, la Comisión Europea pidió a la EFSA que reevaluara los aditivos aprobados antes de 2009, estableciendo un orden de prioridad. El aspartamo ya fue reevaluado en 2023, confirmándose su uso seguro en los niveles de consumo actuales, incluso para las personas más vulnerables, como niños o ancianos.
Ahora, la EFSA confirma también que la sal de aspartamo-acesulfamo no problemas de seguridad. Esta conclusión se basa en la ingesta diaria admisible (IDA) establecida para el aspartamo de 40 mg/kg de peso corporal al día, ahora reconfirmada, y en la IDA recientemente revisada para el acesulfamo K de 15 mg/kg de peso corporal al día. Las estimaciones actuales de exposición en todos los grupos de edad se mantienen por debajo de estas IDA. Es decir, ningún grupo de población alcanza los niveles de consumo máximos, una cifra que además se fija con prudencia, alejada de las cantidades que sí podrían ser dañinas para la salud.
Sin embargo, estos edulcorantes deben comercializarse con un aviso claro en todos los productos: «contiene una fuente de fenilalanina». La fenilalanina es un aminoácido esencial que el organismo no puede fabricar por sí mismo, pero se necesita una enzima para descomponerlo. Existe un trastorno genético hereditario, la fenilcetonuria, que lo impide, provocando una acumulación de fenilalanina en el organismo que puede ser tóxica y provocar graves problemas de salud.
Los expertos de la EFSA recomiendan actualizar las especificaciones de la Unión para el edulcorante E-962, de tal modo que se pueda garantizar el cumplimiento de las especificaciones para el aspartamo y el acesulfamo K usados en su producción. Además, también recomiendan revisar los límites de arsénico y plomo en las especificaciones del aspartamo (E-951).
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