Aproximadamente son 380 los vecinos censados en el municipio riojano de Tricio, pero el más emblemático de todos ellos no habla y lleva allí más de mil años.
Hablamos, ni más no menos, que de la Basílica de Santa María de Arcos, un edificio que remonta sus raíces a la Hispania romana y que presume de permanecer como edificio religioso ininterrumpidamente más de un milenio.
Para entender su longevidad hay que trasladarse al siglo III después de Cristo, momento de máximo esplendor de Tritium Meggalum –Tricio la Grande–, una ciudad romana que comprende lo que hoy es Tricio, Nájera y otras localidades cercanas.
Con el advenimiento visigótico, el mausoleo pasó al uso basilical, ya en el siglo V, momento en que se considera que se inicia su uso plenamente religioso. Aquí cobra su actual forma: planta basilical, tres naves y cabecera cuadrangular, lo cual situaría al edificio como una de las iglesias más antiguas de lo que es España e, incluso, la más.
De mausoleo romano a basílica medieval
Exterior de la basílica.
No obstante, hay investigadores e historiadores del arte que consideran que, si nos aferramos a cuestiones técnicas, la realidad es que la reconstrucción del edificio sería ya en los siglos IX o X, por lo que no sería tan exageradamente antigua.
Sea como fuere, lo que sí se sabe –y se conserva– son numerosos enterramientos que tienen orígenes paleocristianos de los siglos V y VI, que ya servirían como testimonio del uso sagrado que se habría dado al edificio desde hace más de 1.500 años. A partir de ahí, hay un compendio de detalles de historia del arte que harían palidecer a decenas de iglesias de toda Europa.
Detalle de los mosaicos con La Pasión de Cristo como temática.
Las columnas de porte corintio de las naves laterales, por ejemplo, son heredadas de una construcción romana del siglo I y se sospecha que en su origen podían medir más de 20 metros de altura.
Los arcos, visigóticos, ya datarían de los siglo VI o VII y, muy posteriormente, parte del interior de la basílica se habría cubierto con yeserías barrocas en el siglo XVIII. Aún así, conserva murales románicos del siglo XII que, posiblemente, fueron pintados sobre los originales paleocristianos del siglo V, que habrían representado escenas de La Pasión de Cristo.
Los restos de los murales paleocristianos, figurando La Pasión de Cristo.
A ello hay que sumar la presencia de estelas funerarias del siglo II, con origen romano, además de restos de teselas de un mosaico paleocristiano que dejaría muy claramente definido no solo el origen y antigüedad de la iglesia, sino su relevancia histórica. Todo un misterio –y un milagro– a las afueras de Tricio que merece más de una visita.
Imágenes | La Rioja Turismo