
Como nos comentaba nuestro compañero Minue, el otro día pudimos ver en televisión el reportaje “Con la comida no se juega” en donde se trataba el grave problema del desperdicio de alimentos que se estaba llevando a cabo en nuestra sociedad actual, tanto por productores obligados a seguir una línea comercial, industrias, comercios y como no, consumidores.
Si alguno de vosotros habéis tenido la oportunidad de verlo, observaríais en su introducción que se trataba una por una aquellas causas que nos llevan a tirar la comida, y entre ellas se veía una imagen en donde se mostraba la fecha de caducidad de un producto que se iba a desechar y la justificación era simplemente “porque está a punto de caducar…”
Quizá este reportaje ha actuado como un pequeño revulsivo y nos ha hecho abrir los ojos a una realidad cada día más preocupante. Es por ello importante saber en lo que podemos estar fallando para que se desperdicien tantos alimentos e ir intentando mejorar nuestra forma de comprar, almacenar y consumir. Así que hoy vamos a tratar de entender un poco más de que van esos pequeños números que traen los productos alimenticios impresos en su etiqueta, vamos a conocer que es la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente y cómo influyen en el consumo final de un alimento.
A pesar de que no son el mismo concepto muchos consumidores no hacen distinción entre uno y otro, lo que conlleva a una mala gestión de nuestros alimentos que desemboca en que miles de toneladas de productos acaben en la basura. Veamos sus diferencias.
La fecha de caducidad implica que una vez rebasada la fecha impresa en el producto, éste podría causar daños en nuestra salud. Si se ha alcanzado la fecha indicada por tanto, ese producto no se debería ingerir. En la etiqueta aparecería la leyenda “fecha de caducidad” seguida de la fecha con el día, mes y eventualmente el año.

La fecha de consumo preferente se expresará mediante dos tipos de leyendas, la de “Consumir preferentemente antes del…” cuando la fecha incluya la indicación del día y la de “Consumir preferentemente antes del fin de…” en los demás casos.
Así pues la fecha de consumo preferente estará compuesta por la indicación clara y en este orden de día, mes y el año. No obstante su marcado en la etiqueta depende del tipo de producto, así para alimentos cuya duración sea menor que tres meses bastará con indicar el día y el mes, aquellos cuya duración sea mayor de tres meses pero menor de dieciocho, tendrán que indicar el mes y el año, y para los que sea una duración de más de dieciocho meses bastará con indicar el año.

Es obligatorio que todo alimento, aunque veremos algunas excepciones posteriormente, lleve en su etiquetado la fecha de duración mínima o en su caso la fecha de caducidad. Esto significa que no pueden usarse ambas a la vez en un mismo producto, es decir son excluyentes entre sí, o va una o va la otra dependiendo de la naturaleza del producto alimenticio. En los dos casos estas leyendas nos indican la fecha límite para que ese alimento se comercialice y por lo tanto deba ser retirado de las estanterías, así pues no nos deberíamos encontrar ningún producto de este tipo en los lineales de los supermercados.
Seguramente no te has fijado cuando acudes al supermercado pero hay una serie de alimentos en los que por ley no es obligatorio ponerles en su etiqueta una fecha de duración mínima. Algunos de ellos serían:

Si cuando vamos al supermercado, y por error nos traemos un alimento pasado de su fecha de caducidad o de su fecha de consumo preferente, es responsabilidad del vendedor, y nos debe restituir este producto por otro cuya fecha límite esté en vigor, también es responsabilidad nuestra como consumidores de realizar una compra y almacenamiento sensato de nuestros alimentos para evitar en la medida de lo posible tener que tirar nada de lo que hayamos comprado. Es por ello que sería conveniente seguir algunos sencillos consejos:
Con estos sencillos consejos podremos evitar parte del desperdicio alimentario. Así que a partir de ahora vamos todos a intentar comprar y almacenar con cabeza y consumir con el corazón, pensando en que todo aquello que muchas veces tiramos podría dar de comer a otra persona.
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