
Las verduras y hortalizas, forman parte desde la antigüedad de nuestra dieta, de la Dieta Mediterránea. Dicha dieta es la que nos ha dado, durante siglos, fama de ser un pueblo de gentes sanas, alegres y bien formadas. Las verduras, hortalizas, frutas, cereales, legumbres, el aceite de oliva, el pescado, el poco consumo de carne con preferencia de la de ave, el vino y la cerveza, son nuestro signo de identidad.
Últimamente, por desgracia, no somos lo que éramos, tenemos unos índices de obesidad alarmantes, enfermedades cardiovasculares, alto índice de cáncer, etc. Probablemente debido a que, en general (según los expertos en un 40% aproximadamente) hemos abandonado la Dieta Mediterránea, optando por seguir el patrón de otra dieta, la llamada sajona, desequilibrada en sus contenidos y por lo tanto insana.
Una dieta en la que el producto fresco no es la base, al contrario abusa de productos procesados industrialmente, zumos de frutas, salsas de verduras, sopas de sobre, bollería, precocinados, todo envasado, con la consiguiente pérdida de vitaminas y adición de ácidos grasos saturados, causantes de los elevados índices de colesterol.