Galicia tiene la clave para dar de comer a una humanidad hambrienta: los mejillones

Galicia tiene la clave para dar de comer a una humanidad hambrienta: los mejillones
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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) lleva años advirtiéndolo. Aunque hay teorías divergentes, si la curva demográfica continúa como hasta ahora en 2050 la población mundial podría ser de entre 9.000 y 11.000 millones de personas: un tercio más que toda la gente que habita hoy la Tierra. Y, teniendo en cuenta que hoy 815 millones de personas pasan hambre, si no hay cambios sustanciales en la manera en que producimos y distribuimos la comida es difícil que logremos alimentar al mundo.

Se ha hablado largo y tendido de la necesidad de que cambiemos la dieta, para potenciar el consumo de alimentos menos lesivos con el medio ambiente. La ONU anima a comer insectos y se está invirtiendo muchísimo dinero en el prometedor mercado de las nuevas proteínas vegetales y carnes sintéticas. Pero, quizás, para encontrar la comida del futuro solo tengamos que mirar a Galicia.

Así lo cree al menos Xabier Iriogien, director científico del centro científico AZTI, que asegura en un artículo publicado en la revista Mapping Ignorance que la acuicultura del mejillón podría, literalmente, salvar a la humanidad.

España, y en concreto Galicia, es el segundo productor mundial de mejillones después de China. Y, como explica Iriogien, su acuicultura podría extenderse por otras partes del mundo en las que resultaría especialmente beneficiosa.

Las características de un alimento de futuro

En su opinión, los mejillones cumplen con las cuatro características que debe tener un alimento que realmente pueda ser considerado una alternativa de futuro: disponibilidad, acceso, nutrición y estabilidad.

La disponibilidad es la capacidad de un alimento para producirse a gran escala. Está directamente relacionada con el agua o la energía necesaria para producirlo. Y, como explica Iriogien, la producción de mejillón tiene una huella ambiental muy baja.

Los mejillones tienen las emisiones por gramo de proteína comestible más bajas de cualquier producción animal

Los moluscos son herbívoros, consumen fitoplancton del agua y por lo tanto no necesitan ser alimentados. No consumen agua dulce, y no liberan nutrientes al agua, por el contrario contribuyen a reducir la eutrofización al filtrar las microalgas del agua. Y, en términos de emisiones de CO2, los mejillones tienen las emisiones por gramo de proteína comestible más bajas de cualquier producción animal, muy inferior a la de las aves o el salmón, y 40 a 50 veces inferior a la de vacuno o similar.

Técnicamente, la carne sintética, las nuevas proteínas vegetales o los insectos tienen un bajo impacto en términos de consumo de agua dulce y emisiones de CO2, pero no cumplen ni por asomo con la segunda característica de un alimento que pretenda alimentar a un mundo de 10.000 millones de personas: la accesibilidad, que es el verdadero cuello de botella de nuestro sistema de alimentación.

Batea

“Son tecnologías sofisticadas que producen alimentos costosos que no pueden pagar las personas en las regiones del mundo donde la población está creciendo”, explica Iriogien. “Pueden ser un buen negocio que contribuya a reducir el impacto global de los países ricos y despejar nuestra conciencia sobre el sacrificio de animales, pero es poco probable que alimenten a la humanidad”.

Algunas de las regiones con más problemas para el acceso a los alimentos son idóneas para este tipo de acuicultura

Por el contrario, la acuicultura de mejillones, no requiere de un gran despliegue tecnológico. Desde los años 40 del pasado siglo, cuando se inventaron las bateas, su composición ha ido cambiando, pero su estructura es muy similar, y se puede fabricar de muchas formas, usando desde cascos de barcos viejos modificados a flotadores y redes usadas. La inversión en ningún caso es exagerada y hay mucha experiencia acumulada sobre su instalación.

Y, como explica Iriogien, algunas de las regiones con más problemas para el acceso a los alimentos son idóneas para este tipo de acuicultura. “Los mejillones solo necesitan espacio y aguas ricas en fitoplancton para crecer. Sucede que las regiones del planeta con mayor crecimiento demográfico, donde se necesitarán alimentos, tienen espacio costero y fitoplancton. La surgencia de Mauritania, Namibia, la corriente del Cabo de las Agujas y la costa de Somalia son algunas de las aguas más productivas del planeta”.

Todo esto proporciona a su vez estabilidad: en principio, el cultivo de los mejillones no estaría amenazado por los cambios en el comercio global, pues se podría producir en los propios países que lo necesitan.

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Los mejillones salvarán a la humanidad otra vez

Por último, y no menos importante, los mejillones son una gran fuente de nutrientes. Aunque hay pescados con mejores características nutricionales, los mejillones son una fuente de proteínas y ácidos grasos esenciales –ausentes en los insectos o las nuevas proteínas vegetales– que se pueden cultivar a bajo coste.

Los ácidos grasos como el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido araquidónico (AA) son esenciales para el desarrollo y funcionamiento de nuestro sistema nervioso y se deben obtener de fuentes externas. Como los mejillones.

Hay autores que creen que los moluscos, y en concreto los bivalvos, cumplieron un rol fundamental en la evolución humana, al permitir a nuestros antepasados alimentarse adecuadamente durante las glaciaciones del Pleistoceno, cuando la incipiente humanidad dependió en gran medida de la recolección de marisco y pescado para sobrevivir.

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Ahora la Humanidad se enfrenta a un nuevo cambio climático, aunque en sentido inverso, y los bivalvos podrían volver a ser nuestro mejor aliado.

“El Cabo de Agujas, en Sudáfrica, fue uno de los refugios donde las poblaciones humanas sobrevivieron durante la glaciación, y la costa este de África fue el camino que siguieron las primeras poblaciones en su salida del continente”, concluye Iriogien. “También fue la región donde nuestro cerebro experimentó su último salto evolutivo, probablemente gracias a una dieta de mariscos rica en DHA y AA. Quizás la región pueda una vez más proporcionar a la humanidad los nutrientes esenciales que necesitará pronto”.

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