Los caracoles forman parte de la gastronomía tradicional de Mallorca desde hace generaciones, pero esa costumbre empieza a perder fuerza. Cada vez se consumen menos y también son menos frecuentes las salidas nocturnas para recogerlos después de la lluvia, una práctica que durante años cumplió, además, una función inesperada: mantener a raya sus poblaciones.
Ahora, la situación se ha dado la vuelta. El caragolí, nombre con el que se conoce en Mallorca a Theba pisana, está proliferando con fuerza en algunas zonas agrícolas y empieza a preocupar a agricultores y técnicos. No porque el molusco sea un problema en sí mismo, sino porque, cuando se concentra en grandes cantidades, puede ejercer una presión importante sobre los cultivos jóvenes y los brotes tiernos.
Desde la Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca (Apaema) apuntan a dos factores principales. El primero tiene que ver con la pérdida de una costumbre tradicional. Las llamadas caragolinades, salidas familiares para recoger caracoles, actuaban también como una forma de control de la población. Hoy son mucho menos habituales y, por tanto, se retiran menos ejemplares del campo.
El segundo factor es agronómico. La expansión de prácticas vinculadas a la agricultura regenerativa ha incrementado en muchas fincas la presencia de cubierta vegetal y materia orgánica. Estas técnicas tienen ventajas para el suelo, pero también generan un entorno más favorable para el caragolí. Según los técnicos, cuanto mayor es la cantidad de hierba, mayor puede ser su proliferación.
Un pequeño caracol que puede convertirse en plaga
El caragolí es un molusco de pequeño tamaño, con una concha clara surcada por finas bandas oscuras. Puede medir entre 12 y 20 milímetros, pero su capacidad reproductiva es elevada. Es hermafrodita y puede producir cientos de huevos al año, lo que facilita que su población crezca rápidamente cuando las condiciones son favorables.
Almendros, vides, frutales… Al caragolí le vale prácticamente cualquier soporte. ©Apaema.
Se alimenta de hojas, brotes y otra materia vegetal. El daño de un solo ejemplar es reducido, pero el problema cambia cuando aparecen por centenares o miles. Se han documentado concentraciones de hasta 3.000 caragolins en un solo árbol, una densidad suficiente para generar una presión considerable sobre la vegetación.
Además, su presencia se vuelve especialmente llamativa durante el verano. Para escapar de las altas temperaturas del suelo, los caracoles trepan por tallos, árboles, vallas, postes eléctricos y malas hierbas de los márgenes. Allí pueden agruparse en grandes racimos mientras entran en una especie de reposo que les permite resistir durante meses las condiciones secas.
De recoger caracoles después de la lluvia a comprarlos
La paradoja es que Mallorca mantiene una relación gastronómica muy estrecha con estos moluscos. El consumo de caracoles forma parte de la tradición local y cuenta incluso con un vocabulario propio, con nombres como bover, vídues o caragolí. También conserva celebraciones especialmente vinculadas a este producto.
Aún así, prefiere los brotes más jóvenes y tiernos de determinadas plantas. ©Apaema.
El 25 de abril, festividad de Sant Marc, es una de las fechas señaladas para comer caracoles, mientras que Palma celebra su propia Fira del Caragol. Sin embargo, esta permanencia en fiestas y restaurantes contrasta con la pérdida progresiva de las salidas nocturnas para recogerlos directamente en el campo después de la lluvia.
Ese cambio de hábitos ayuda a explicar la situación actual. Hace décadas, miles de ejemplares acababan cada temporada en las casas gracias a la recogida particular. Hoy esa extracción informal es mucho menor y el caragolí permanece en mayor número en el entorno agrícola.
También ha cambiado la forma de abastecerse. Hace dos décadas, la propia escasez de caracoles favoreció la aparición de explotaciones dedicadas a criarlos en Mallorca. A escala nacional, España importa además buena parte de los que consume, y solo alrededor del 35 % del consumo procede de cría controlada.
En 2024 entraron en España 10.122 toneladas de caracoles, según los datos recogidos en el reportaje, y el 85 % procedía de Marruecos. Las importaciones fueron inferiores a las del año anterior y en 2025 volvieron a registrar un descenso.
Cómo intentan controlar su expansión
Algunos árboles están colonizados por completo por el caragolí. ©Apaema.
Ante el aumento de caragolins, las asociaciones agrícolas recomiendan distintas medidas para evitar que su presencia acabe convirtiéndose en una plaga. Apaema plantea, entre otras soluciones, trabajar las líneas entre cultivos y reducir parte de la cubierta vegetal para dificultar su proliferación.
También existen métodos de control compatibles con la agricultura ecológica. Entre ellos aparece el fosfato férrico, además de recursos mucho más sencillos, como colocar lana alrededor de los troncos para crear una barrera que los caracoles tienen dificultades para superar.
Otra opción pasa directamente por recuperar el equilibrio natural mediante depredadores. Algunas explotaciones recurren a patos sueltos por las fincas, ya que se alimentan de caracoles y pueden ayudar a reducir su población sin necesidad de recurrir exclusivamente a otros sistemas.
Imágenes | Associació de Productors d'Agricultura Ecològica de Mallorca
En DAP | Caracoles a la madrileña
En DAP | Caracoles en salsa vizcaína