Cuando uno ha tenido la suerte de crecer en un pueblo que está rodeado de un mar verde de pinos resineros hay ciertas preguntas que nunca te haces. Una de ellas, que no se ha hecho nunca en mi casa ni en la de mis amigos, es si alguien ha traído pastillas para encender un fuego, dando candela a una parrilla para ir de chuletas, pues el término 'ir de barbacoa' no es algo que se estilase.
Nunca, hasta que no tuve una cierta edad y ya me vi obligado por las circunstancias madrileñas, encendí un fuego o una hoguera con pastillas. Tampoco con líquido inflamable, pero me di cuenta de lo que era lo normal y que, quizá por desgracia, lo anormal era tener un recurso tan natural y tan a mano como una piña para iniciar un fuego.
Luego, evidentemente, uno también se da cuenta de las tragedias y peajes que a menudo se pagan al tener la suerte de disfrutar de un pueblo cuajado de pinos allá por donde mires. El verano y la falta de lluvias asustan y, cuando oyes que en un pueblo vecino o a unos pocos kilómetros de allí se ha iniciado un incendio, se te ponen los pelos de punta.
La razón, al menos si tienes la suerte de pertenecer al sur de Ávila y que tu pueblo trepe por la sierra de Gredos –dos cosas que considero una inmensa suerte–, es que el pino resinero es una de las especies que más y mejor prende de nuestra naturaleza y que sus piñas son, depende del momento y el lugar, una bendición o una auténtica tragedia.
Las ventajas de tener un mar de pinos como pueblo son muchas, pero también tiene peligros.
Tragedia porque cuando un incendio llega, se convierten en improvisadas granadas, que saltan con un estallido y se extienden de copa en copa por los árboles, multiplicando la llama.
Bendición porque, si las necesitas para hacer una lumbre doméstica o para hacer unas chuletas, tienes al alcance de tu mano y de forma gratuita uno de los mejores iniciadores de fuego que puedes disfrutar en España. Es decir: conseguir que esto ya parezca una chasca.
Ciencia, evidentemente, no tiene ninguna. Elige piñas secas, bien abiertas, que encuentres por el suelo y prendes su punta. Las colocas en el fondo de la parrilla o de la chimenea y sobre ellas, con calma, apilas una pequeña pirámide de ramas secas –también vale el pino, pero humea mucho– y empezarás a generar una hoguera tan sencilla como barata que no necesita ir a un supermercado para comprar pastillas ni gasolina que, si además vas a hacer chuletas, van a acabar atufando a la carne.
Imágenes | Jaime de las Heras
En DAP | Así se prepara la barbacoa perfecta, según el rey del carbón: once claves para triunfar siempre