Durante décadas, el salón de casa ha tenido un protagonista indiscutible: el sofá. La escena era casi siempre la misma: un sofá más o menos grande frente al televisor o la chimenea, una mesa de centro delante y, en algunos casos, un par de sillones cerrando la zona de estar.
Ese esquema ha dominado la decoración doméstica durante generaciones. Sin embargo, en los últimos años empieza a cuestionarse fruto de la rotura de moldes tradicionales. Cada vez más interioristas hablan de salones menos rígidos, donde los muebles no condicionan tanto la forma de usar el espacio.
El cambio responde a una transformación bastante evidente en la forma de vivir la casa. Las viviendas son más pequeñas, se teletrabaja con frecuencia y el salón ya no se utiliza solo para sentarse a ver la televisión. Esta es una sala con nuevas funcionalidades.
Más allá del sofá
El sofá sigue siendo una pieza muy cómoda, pero también tiene inconvenientes. Su tamaño suele ser grande y pesado, lo que limita bastante las posibilidades de reorganizar el espacio. En muchos salones termina imponiendo una distribución fija que apenas admite cambios o los admite cada muchos años.
Por eso algunas propuestas de interiorismo empiezan a explorar alternativas más flexibles. En lugar de un único mueble dominante, se plantean composiciones con varias piezas más ligeras que se pueden mover fácilmente.
Butacas y sillones como protagonistas
Uno de los recursos más habituales consiste en sustituir el sofá por dos o tres butacas amplias o sillones cómodos. De esta manera, la zona de estar sigue siendo confortable, pero el espacio se vuelve mucho más adaptable.
Además, las butacas permiten crear pequeños rincones dentro del salón: un lugar para leer, otro para conversar o incluso una zona tranquila donde trabajar con el portátil.
Pufs y asientos informales
Otra de las piezas que gana protagonismo en estas nuevas distribuciones son los pufs o los cojines de suelo de gran tamaño. Son asientos informales que aportan comodidad sin ocupar demasiado espacio visual.
También tienen la ventaja de poder moverse con facilidad. Cuando llegan invitados o se necesita más espacio libre, basta con recolocarlos o apartarlos.
Un salón más flexible
El objetivo de este tipo de propuestas es crear salones más abiertos y versátiles. En lugar de un único punto focal, el espacio se organiza en pequeñas áreas que pueden cambiar según el momento del día. Así, el salón puede transformarse con facilidad en un lugar de lectura, un espacio para trabajar o una zona donde reunirse con amigos.
Esto no significa que el sofá vaya a desaparecer. Muchas personas siguen considerándolo imprescindible, especialmente para ver películas, descansar con comodidad o echarse una siesta monumental de fin de semana.
En esos casos, los diseñadores suelen apostar por modelos modulares. Son sofás que se pueden reorganizar en distintas configuraciones y que permiten adaptar el salón a diferentes usos sin renunciar a la comodidad.
El resultado es un salón menos rígido y más conectado con la vida cotidiana. Un espacio donde los muebles dejan de dictar cómo se utiliza la habitación y pasan a adaptarse a las necesidades reales de quien vive en ella.
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