Para cocinar el beicon perfecto, crujiente pero jugoso, solo necesitas echar agua a la sartén

Cocinar beicon en agua puede sonar contraproducente, pero tiene su razón lógica respaldada por la ciencia

Beicon
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Liliana Fuchs

Editor

Nuestro método favorito para cocinar el beicon perfecto crujiente sigue siendo el mismo: al horno y sin más. Pero si lo que buscas es lograr tiras de beicon que sigan siendo jugosas en el centro, con sus bordes crujientes, evitando que se tuesten de más, la sartén es la mejor herramienta. Con un pequeño detalle, por muy raro que suene: añadiendo agua.

¿Cocinar beicon en agua? La lógica inicial nos hace dudar, pues suena más bien a cocer o hervir las tiras de panceta como si quisiéramos retirar parte de su grasa. Pero la clave está en cuánta agua y cómo echarla durante la cocción para aprovechar sus propiedades realzando la textura y el sabor de la carne.

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Solo hay que poner las tiras de beicon en una buena sartén, mejor si es de hierro mineral o de hierro fundido, que transmiten y conservan mejor el calor. Entonces tenemos que echar agua directamente en la misma sartén, por encima, lo justo para cubrir las tiras, como enseña el chef Eric Haessler.

A continuación hay que encender el fuego a una potencia media-alta, dejando que el agua se caliente y rompa a hervir. El beicon empezará a cocinarse y el agua hervirá a borbotones hasta evaporarse. en ese momento solo hay que continuar la cocción del beicon hasta que esté bien dorado y crujiente en los bordes a nuestro gusto, volteándolo con unas pinzas una o dos veces para asegurar la cocción más uniforme. Estará en su punto cuando aparezcan burbujitas y emita ese sonido chisporroteante tan característico.

Cocinandobacon @chef.eric.explains

¿Qué se consigue con el agua? En primer lugar, el agua derrite y retiene la grasa que suelta la panceta al calentarse, evitando las molestas salpicaduras que a menudo produce la fritura de carnes muy grasas, y que pueden causar quemaduras. La otra gran ventaja es que se obtienen lonchas perfectamente cocinadas sin riesgo de que unas partes queden churruscadas y otras medio crudas; se facilita una cocción uniforme y homogénea.

De este modo, cuando los bordes alcanzan el punto perfecto de dorado para estar crujientes, la carne interior permanece aún jugosa y tierna, con su punto preciso de caramelización y un crujir ligero, sutil, conservando más sabor. Salvo que te guste el beicon súper crujiente, de ese que suena casi como unas patatas fritas al masticarlo, este es el método que garantiza un resultado perfecto siempre.

Imágenes | Unsplash/James Trenda

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