Tras las fiestas, el armario suele convertirse en un reflejo del exceso: ropa usada a medias, regalos que aún no tienen sitio y prendas de invierno amontonadas sin criterio. A esto se suma el cambio de rutinas y la falta de tiempo, que hacen que el desorden se prolongue más de lo deseable. La sensación de caos es común y perfectamente evitable.
La buena noticia es que no hace falta plantearse una limpieza extrema ni dedicar un fin de semana entero. Un método sencillo, pensado para enero, permite recuperar el control del armario con decisiones prácticas y asumibles. Se trata de ordenar con realismo, pensando en el uso diario y no en un ideal inalcanzable.
Revisar zonas altas
El primer paso es vaciar de forma selectiva. No es necesario sacar toda la ropa, pero sí revisar baldas, cajones y zonas altas donde se acumulan prendas olvidadas. Separar lo que se usa de lo que no se ha tocado en meses libera espacio inmediato y reduce el ruido visual.
En este punto conviene crear tres montones claros: se queda, se dona y se duda. La ropa que ya no encaja en el estilo o la talla actual suele detectarse rápido. Guardarla por si acaso solo retrasa el problema y ocupa espacio valioso en pleno invierno.
Varias categorías
El segundo paso es organizar por categorías, no por colores ni por tipos de percha. Juntar lana con lana, básicos con básicos y ropa más arreglada en un mismo bloque ayuda a ver el volumen real de cada grupo. Esta clasificación permite detectar duplicados y ajustar lo que realmente hace falta.
Además, separar la ropa de uso diario de la más ocasional facilita mucho las mañanas. En enero, cuando el ritmo vuelve a acelerarse, tener a mano lo que se usa de verdad evita rebuscar y desordenar el armario cada día.
El tercer paso es priorizar la accesibilidad. La ropa que se usa a diario debe quedar a la altura de los ojos y las manos, mientras que lo más puntual puede ir a zonas altas o menos accesibles. Aquí, los organizadores de tela y las cajas transparentes resultan especialmente útiles.
En los cajones, plegar en vertical marca la diferencia. Este sistema permite ver todas las prendas de un vistazo sin deshacer pilas enteras. Es una solución práctica que ahorra tiempo y mantiene el orden durante más semanas.
Revisar el calzado
Enero también es un buen momento para revisar el calzado. Las botas y zapatos de invierno necesitan espacio y ventilación. Guardarlos limpios, con papel en el interior y sin apilarlos en exceso ayuda a conservar su forma y alarga su vida útil.
Para prendas delicadas o poco usadas, las fundas transpirables son preferibles a las bolsas de plástico, que acumulan humedad. Con estos tres pasos aplicados con sentido común, el armario recupera orden y funcionalidad, haciendo que el inicio del año resulte mucho más ligero y manejable.
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