La nevera suele ser uno de los lugares de la casa donde más desorden se acumula sin que se note, sobre todo cuando se generan sobras y sobras. Restos de comidas, envases abiertos y productos que ya no recordamos cuándo compramos compiten por un espacio que enseguida se vuelve caótico.
El resultado es una mezcla poco eficiente que acaba provocando olvidos y desperdicio de alimentos. Durante las últimas semanas de diciembre y las primeras de enero la nevera trabaja al límite: entran más productos de lo habitual, se improvisan comidas y se guardan sobras sin demasiado orden.
Conforme avanza enero, ese exceso se traduce en baldas saturadas, cajones mal aprovechados y alimentos que terminan estropeándose sin haber sido usados. Enero es un buen momento para hacer borrón y cuenta nueva.
Vaciar, limpiar y reorganizar la nevera permite recuperar espacio y, sobre todo, tener una visión clara de lo que hay dentro. No se trata solo de estética, sino de funcionalidad y ahorro.
Ordenar la nevera con un criterio práctico facilita la planificación de comidas, ayuda a controlar fechas de consumo y evita compras innecesarias. Con unos ajustes sencillos, el frigorífico puede convertirse en un aliado para empezar el año con menos caos y más control en la cocina.
El primer paso es retirar todo y limpiar las bandejas. Hacerlo de golpe permite ver qué se ha quedado atrás y qué ya no está en condiciones de consumirse. Esto evita desperdicios y libera espacio gracias a desechar lo que ya no nos sirve.
Organizar por zonas
Una vez limpia (se lavan las baldas y rincones con agua y jabón) conviene organizarla por zonas. La parte superior es ideal para alimentos listos para consumir; los estantes centrales, para lácteos y restos; la parte baja, para carnes y pescados en recipientes cerrados; y los cajones, para frutas y verduras.
El control de fechas es fundamental. Colocar delante los alimentos que caducan antes y dejar detrás los más recientes reduce el riesgo de que se estropeen sin usarse.
Recipientes herméticos
Los recipientes herméticos son aliados importantes. Mantienen los alimentos frescos, evitan olores y permiten apilar sin desorden. También ayudan a evitar que salsas y restos mancharan el interior.
Otro truco eficaz es mantener un espacio fijo para cada tipo de alimento. Saber dónde va cada cosa impide que la nevera acabe llena de envases sueltos.
Revisar la nevera cada semana asegura que los restos no se acumulen y ayuda a planificar comidas con lo que ya hay. Con estos hábitos, la nevera se convierte en un espacio funcional y limpio durante todo el año.
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