El baño suele ser el lugar donde cualquier sensación de orden dura exactamente lo mismo que una ducha caliente con cuatro personas en casa. Humedad, malos olores y manchas aparecen por defecto, especialmente en zonas poco ventiladas. En ese contexto, hay un truco doméstico que vuelve a circular con fuerza: rociar vinagre blanco alrededor del inodoro para mantener la zona más limpia y fresca.
El método no tiene nada de sofisticado ni requiere productos imposibles de encontrar. Precisamente ahí está parte de su éxito. El vinagre blanco lleva décadas instalado en las rutinas de limpieza doméstica por una razón sencilla: cuesta poco, sirve para casi todo y evita llenar el armario del baño con quince sprays distintos que prometen milagros imposibles.
La explicación está en el ácido acético, el principal componente del vinagre. Diversos estudios han analizado sus propiedades antibacterianas, especialmente frente a bacterias presentes en superficies de uso frecuente. Este resulta eficaz frente a microorganismos.
Aplicado alrededor de la base del inodoro, el vinagre ayuda a neutralizar olores sin limitarse a taparlos con perfume artificial. También contribuye a eliminar restos de humedad, pequeñas acumulaciones de sarro y esas manchas amarillentas que aparecen poco a poco alrededor del sanitario y que muchos descubren justo antes de recibir visitas inesperadas.
Otro de los motivos por los que este truco se ha extendido tanto es porque la zona cercana al inodoro acumula salpicaduras invisibles y bacterias que muchas veces pasan desapercibidas en la limpieza diaria. Pulverizar vinagre permite desinfectar previamente la superficie antes de utilizar otros productos más potentes o lejía.
Limpiar antes
La aplicación es bastante sencilla. Primero conviene limpiar superficialmente la zona y después pulverizar vinagre blanco alrededor de la base, detrás del sanitario y sobre las juntas del suelo. Lo recomendable es dejar actuar el producto entre diez y quince minutos para que el ácido pueda actuar sobre la suciedad y las bacterias acumuladas.
Después basta con retirar el exceso con un paño húmedo o papel absorbente. En manchas más resistentes puede utilizarse un cepillo pequeño para frotar ligeramente. Algunas personas añaden unas gotas de limón o aceites esenciales para suavizar el olor del vinagre, aunque el aroma desaparece relativamente rápido una vez seca la superficie.
Se suele recomendar este sistema especialmente en baños con mucha humedad o poca ventilación, donde los olores y los hongos aparecen con más facilidad. En esos casos, repetir la limpieza un par de veces por semana puede ayudar a mantener la zona más higiénica sin recurrir constantemente a productos químicos más agresivos.
Foto | Jonas Thomann y www.kaboompics.com
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