El espagueti rojo es de esos platos que se repiten en casi cualquier casa mexicana, un día cualquiera entre semana o en una cena de Navidad. La base es siempre parecida, tomate bien maduro convertido en salsa, aunque cada familia le pone su toque, con más o menos picante, más o menos crema. Aquí lo hacemos con un chile chipotle que aporta ese aroma ahumado tan característico y una nata que redondea la salsa y le quita fuerza a la acidez del tomate.
El chipotle es opcional, así que si en casa no gusta mucho el picante se puede dejar fuera sin que el plato pierda gracia. Para espesar la salsa, además de la nata, hay quien prefiere usar un poco de queso crema, que le da un toque más suave y untuoso. Y una cosa que marca la diferencia en esta receta es el agua donde se cuece la pasta, que llevamos con caldo de pollo, cebolla, ajo y laurel, así el espagueti coge sabor desde el primer hervor.
Cuece el espagueti en agua o caldo de pollo con sal, con la media cebolla, los dos dientes de ajo y la hoja de laurel dentro. Déjalo hasta que quede al dente, escúrrelo y guarda un poco de ese líquido, que te servirá tanto para triturar la salsa como para aligerarla si hace falta.
Sofríe la cebolla blanca y el ajo en la sartén hasta que se ablanden, y añade los tomates para que se cocinen junto con ellos hasta soltar su jugo. Pasa todo a la licuadora con el chile chipotle y un poco del agua de cocción de la pasta, lo justo para que la salsa quede bien fina. Cuélala si quieres una textura más lisa.
Vuelve a poner la salsa al fuego, sazona con sal y déjala unos minutos para que reduzca. Añade la nata y cocina hasta que espese y quede cremosa, aligerándola con más agua de cocción si hace falta.
Incorpora el espagueti directamente a la sartén con la salsa caliente y remueve bien para que cada hebra quede bañada. Cocina un par de minutos más a fuego bajo, lo justo para que coja todo el sabor sin pasarse de cocción. Sirve caliente y recién hecho, con queso fresco desmenuzado por encima.
Con qué acompañar el espagueti rojo mexicano
Funciona bien como plato único, aunque en muchas mesas mexicanas se sirve junto a unos frijoles refritos. También puedes servir como entrante alguna ensalada sencilla, como la ensalada de manzana mexicana.
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