El mejor secreto que se puede compartir para lograr una crema con carácter no está en la cantidad de condimentos, sino en la magia que sucede en el horno. Al someter los tomates a una temperatura alta y constante, el agua contenida en su pulpa comienza a evaporarse, concentrando sus azúcares naturales. Este proceso de caramelización transforma por completo la acidez habitual del tomate en un sabor dulce, profundo y ahumado.
Además del sabor concentrado de las verduras, el verdadero toque está en aprovechar hasta la última gota de los jugos caramelizados que quedan depositados en la fuente del horno. Todo eso triturado a máxima potencia da como resultado una crema muy especial, sin necesidad de agregar lácteos ni espesantes adicionales.
Encender el horno a 200 °C. Cortar los tomates por la mitad y la cebolla en cuartos. Cortar la parte superior de la cabeza de ajo para exponer los dientes. Rociar las verduras con el aceite de oliva y sazonar con sal, pimienta y orégano seco. Hornear durante 35 a 40 minutos hasta que los tomates estén dorados y caramelizados.
Pasar los tomates y la cebolla a una batidora o vaso procesador. Exprimir los dientes de ajo asados que saldrán como una crema suave y agregarlos junto con los jugos que hayan quedado en la bandeja.
Añadir el caldo de verduras y triturar a máxima potencia hasta lograr una crema suave. De querer una textura más fluida, sumar un poco más de caldo. Servir caliente.
Con qué acompañar la crema de tomates
Para acompañar esta crema, unos picatostes crujientes en la superficie o unas rodajas de pan al costado son opciones clásicas que aportan un contraste de textura. También unos garbanzos crujientes quedarán genial y agregarán un plus de proteína al plato final.
En DAP | Crema de zanahoria en Thermomix
En DAP | Crema de calabacín