Dos turistas americanas liberan 10 bogavantes comprados en un restaurante en Nápoles y un biólogo advierte: “Es más problema que solución”

Sucedió en Italia, donde un par de texanas soltaron los crustáceos de un vivero en la playa más cercana

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Disney ha hecho mucho daño. Sobre todo cuando uno no tiene ninguna mínima concepción de cómo la naturaleza funciona. Aún así, bienintencionados turistas o influencers creen que cambian el mundo con pequeñas y absurdas decisiones del calibre de comprar en un restaurante un crustáceo vivo y depositarlo en el mar.

Algo que ha vuelto a pasar, una vez más, en Italia, donde dos turistas estadounidenses decidieron comprar bogavantes vivos en el restaurante Mercato Pompeiano, cerca de Pompeya, llevarlas en un barreño y depositarlas en la playa de Castellammare di Stabia, con la noble intención de devolverlas a su supuesto hábitat natural.

No uno, ni dos: compraron todos los bogavantes del vivero del restaurante, cogieron un taxi y desde allí se dirigieron a la playa, a unos 15 minutos del local, soltando allí a su improvisada pesca del día. Las dos turistas, madre e hija, originarias de Texas, subieron su rescate a las redes sociales y agradecieron al dueño del restaurante que les hubiera permitido llevarla a cabo.

"Gracias por habérnoslo permitido. Aunque vivan solo unos días más, habrá merecido la pena", contaba la hija en su cuenta de Instagram, en la que subió la devolución al mar de los ejemplares comprados. Todo partió, según cuenta La Reppublica, de un gesto anecdótico.

La hija se dio cuenta de que los bogavantes nadaban en el vivero del restaurante, sacándolos uno a uno con la pinza que tenía el camarero y llevándolos al barreño que les prestaron.

Ya a pie de playa, la madre grababa la hazaña, explicando a la propia cámara lo que sentían. "Queremos llevarnos a casa, a Estados Unidos, el recuerdo de este acontecimiento", explicaban.

Pero, evidentemente, la realidad es más dura que el mundo de luz y color que las dos turistas se habían creado. Un biólogo marino contactado por el propio medio explicó que "es más un problema que una solución". 

Son las palabras del investigador Fabio Crocetta, miembro de la Stazione Zoologica Anton Dohrn, un instituto de investigación con más de 150 años de historia, que explicaba a La Reppublica que el error, sobre todo, es que "no conocemos el pool genético de los ejemplares".

Más allá de ese detalle, que no es menor, la realidad es que el gesto condena a una muerte casi instantánea a los animales. La temperatura del vivero es una… La de la playa de Nápoles dónde se depositó a los animales, otra. Y, a partir de ahí, la carga de salinidad, dónde se los deposita, su origen… Es decir, un despropósito detrás de otro.

También pasaron por alto que está prohibido por ley –y multado– introducir especies en otros ecosistemas.

Imágenes | Il Corrierino

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