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ChessCafé, el rincón de los pecados en Madrid

ChessCafé, el rincón de los pecados en Madrid
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Aunque me encanta viajar, Madrid rara vez es uno de mis destinos preferidos. El problema es que últimamente se están juntando muchas personas en la capital que me apetece ver y claro, al final no puedo evitar acercarme.

Este fin de semana, aprovechando que se celebraba InterQué, nos juntamos todos los editores de nuestro blog amigo Decoesfera, donde también escribe mi compañera Fiona, para tomar un brunch antes de ir al evento y así hacer un poco de piña.

El lugar elegido fue el ChessCafé, una pequeña cafetería en el paseo de las Acacias que se ha ganado a pulso el apodo de el rincón de los pecados. El local no es nada del otro mundo, un poco desaliñado, con mesas pequeñas y no muy organizadas, pero sus grandes ventanales que dan al paseo y los colores llamativos de la decoración lo convierten en un lugar agradable en el que picar algo a cualquier hora del día.

Chess Café - gofre

Como decía, habíamos quedado para tomar un brunch, que no es más que una mezcla entre un desayuno tardío y una comida mal entendida. Un invento anglosajón que solo pueden idear aquellos que no saben lo que es un almuerzo como mandan los cánones.

Con la carta en la mano -- muy abundante, variada y apetecible a pesar de lo pequeño del local-- cada uno estuvo un buen rato tratando de decidir si optar por el dulce o el salado. Al final pudo el azúcar y casi todos pedimos un desayuno de campeonato, encabezado por el gofre belga que me pedí y que ni siquiera pude acabarme de tanto chocolate que llevaba.

Chess Café - tortitas

Hasta el último momento estuve dudando si pedirme el desayuno con tortitas que al final se pidió Fiona, pero como el jueves me había pegado un atracón con mis pancakes de calabaza, me decanté por el gofre.

Su pinta era excelente y a tenor del placer con que las degustaba su dueña, debían estar deliciosas. La única pega es que en mi opinión, las tortitas se sirven apiladas y al menos de cuatro en cuatro, no hay más que ver lo solitarias que parecen esas dos perdidas en el plato.

Chess Café - crepes

El tercer desayuno en salir a la palestra fueron unos clásicos crepes con nata y chocolate que me hubieran hecho salivar si mi estomago no se hubiera empachado con tanto gofre.

Por último, para compensar tanto dulzor, apareció en la mesa una copiosa ensalada con Jamón York, queso frito y mermelada de frambuesa que hizo parecer poca cosa nuestros calóricos desayunos.

Chess Café - ensalada

Para acompañar tanto manjar, la mayoría optamos por un zumo de naranja tamaño extra grande --no me preguntéis por qué lleva una rodaja de piña-- que pedí bajo la promesa de que era el mejor zumo de todo Madrid, lo que pasa es que eso no debe significar mucho, porque estaba bastante ácido y ni siquiera pude acabármelo (aunque el resto de comensales sí, todo sea dicho).

De todas formas, es algo excusable, finales de octubre aún no es una buena época para la naranja que da un zumo dulce y poco ácido, así que es más bien un error mío por fiarme de mi malévola amiga.

Chess Café - zumo de naranja

Y hasta aquí nuestro maravilloso brunch. Como habéis podido comprobar, el ChessCafé es el rincón de los pecados, un lugar al que no deberías acudir si quieres serle fiel a una dieta o entrar en esos pantalones que tanto te gustas, pero es que es tan fácil caer en la tentación.

ChessCafé

Paseo de las Acacias, 25 Madrid Tel. 915 303 376 Precio: 7-8 euros por persona

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