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El hombre detrás de las vajillas de catering de media España que Dabiz Muñoz o Dani García han elegido para presentar su comida para llevar

El hombre detrás de las vajillas de catering de media España que Dabiz Muñoz o Dani García han elegido para presentar su comida para llevar
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Posiblemente no te suene el nombre de David Ramos, ni el de Klimer, su empresa, pero también es probable que alguna vez, sin saberlo, te hayas encontrado con productos que su empresa ha vendido.

Ni se come ni se bebe lo que vende, pero, sin embargo, la experiencia culinaria sin su trabajo no sería igual. Desde el plato al cubierto, pasando por la servilleta, el salvamanteles, la tabla de cortar, el cuchillo de cocinero, la copa e incluso la chaquetilla del chef; así es el universo de la distribuidora Klimer, de la que David Ramos (Boadilla del Monte, 1981) es CEO y cabeza visible de esta pequeña gran empresa, una de las líderes de la distribución de equipamiento para hostelería del país.

Inquieto y mal estudiante, como él mismo reconoce, aparcó sus estudios de Gestión Comercial y Marketing al año y medio de comenzarlos. En ese tiempo también sentía devoción por la noche, moviendo como relaciones públicas algunas de las principales discotecas de Madrid. Una vida "algo díscola", como reconoce, pero "de la que guarda muchos recuerdos y muchos amigos".

Del ocio nocturno y la empresa familiar a ser líder en el sector

Con esa agenda y con la inquietud por bandera, David entró a trabajar en la empresa de su madre, destinada a la venta de productos de limpieza para colectividades y empresas.

Su background en el mundo de la noche fue el siguiente paso para consolidar una carrera de dos sectores en los que se movía como pez en el agua: el ocio nocturno y la labor comercial. "Conocía a muchos dueños de discoteca que empezaron a abrir restaurante y a los que ya vendíamos materiales de limpieza. De ahí pasamos a los vasos de tubo, las hieleras, las pinzas...", comenta. El siguiente paso fue ineludible: reformular la empresa en 2004, darle un nuevo nombre (Klimer) y centrarse en la distribución hostelera.

"Íbamos a ferias internacionales, observaba tendencias en grandes ciudades como Londres y tenía claro que también había que tener visibilidad con grandes cocineros", explica. Una prueba atestiguada por su showroom, en un polígono industrial de Alcorcón, limítrofe con Boadilla del Monte, que entre estantes cargados de producto también lucen las fotos de David con cientos de chefs.

Un camino que se abrió también a través de los amigos restauradores y donde descubrió las posibilidades del catering como modelo de negocio. "No sólo para eventos, sino también que los chefs los pedían para hacer showcookings, o para demostraciones", explica.

Aunque no sólo de los cocineros con estrella vive Klimer, algo que siempre reivindica. "En la agenda de clientes de Klimer hay miles de restaurantes y restauradores. No puedo dar una cifra de cuánta gente tiene productos nuestros porque a lo mejor uno sólo tiene un par de copas, que compra dos o tres veces al año, y luego otro tiene la vajilla entera suministrada por nosotros".

Aún así, la cifra total de compradores de Klimer supera los 5.000. "Y ha crecido durante el confinamiento", comenta. "A través de nuestra web nos han conocido también particulares y gente de la hostelería que no tenía trato con nosotros pero que buscan cosas muy concretas, como un par de copas de vino Zalto", asegura.

Opciones no faltan en su catálogo, con casi 3.000 referencias y que abarcan todo lo que se pueda imaginar para montar un catering o un restaurante. "Oímos a los clientes pero también nos ponemos en contacto con proveedores y fabricantes, somos inquietos y buscamos productos que a lo mejor aún no han llegado pero que nos parecen interesantes o desarrollamos algunos propios", apostilla. Un ejemplo de estos últimos es la pata de jamón de fibra de vidrio como bandeja.

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Todo ello conforma un equilibrio entre visión empresarial, talento comercial y relaciones públicas, ya que asegura comer fuera de casa más de 500 veces al año, sea por motivos laborales o por placer, que en este 2020 le ha bajado el ratio pero que ha abierto una nueva vía en el negocio: el delivery y el take away de alto standing.

La alta cocina en casa

Dabiz Muñoz, de DiverXo; Roberto Ruiz, de PuntoMx; Mario Sandoval, de Coque; Javi Estévez, de La Tasquería, o restaurantes tan icónicos en la capital como Horcher, Viridiana, de Abraham García, o La Ancha han sido algunos de los protagonistas del boom de la cocina a domicilio de esta pandemia.

Y David Ramos está detrás de muchos de los packaging que se han colado así en las casas, en un formato que "ha llegado para quedarse". "Ya no son sólo cuatro cosas las que se pueden mandar. Ha cambiado el chip y ahora se puede encargar de todo", comenta.

"He pasado muchos horas en el showroom haciendo Facetime con clientes para que vieran lo que tenemos y que eligieran lo que más le convenía para sus productos", agrega, mientras acotaba a algunos chefs: "muchos me decían que querían mandar toda la carta o demasiados platos y yo les decía que recurrieran a otros formatos, más de picoteo".

Por eso han funcionado bien los menús con muchas cosas distintas, que por 40 o 50 euros tengas una experiencia de restaurante pero en tu salón". "Creo que vamos a pasar de llevar flores a una cena o un detalle como los bombones a presentarnos en una comida grupal con unos callos de Javi Estévez, una tortilla de Casa Dani o con un cochinillo de Coque", asegura.

Aunque esta es sólo la parte amable del desvelo de David Ramos. "Con la pandemia, nuestro stock era el que era y de repente tenía llamadas de muchos clientes que necesitaban packaging o bolsas y en muchos casos no tenía los suyos, porque estaban agotados", aclara. "Muchos proveedores estaban en ERTE, o con problemas de envíos, y los operadores logísticos a lo mejor tardaban cinco días en mandar lo que antes hacían en uno. Había que sacar envases de donde fuera", ilustra.

Además, David Ramos, muy activo en redes sociales, no sólo sabe de lo que habla como vendedor, sino también como comprador. "Cualquiera que me siga en Instagram ha visto como durante la pandemia recibíamos o íbamos a por distintos delivery. Lo hacemos también para comprobar cómo viajar la comida y saber cómo trabajan nuestros productos".

"Antes sólo llegaban a casa pizzas, hamburguesas, pastas y tres o cuatro cosas más", comenta. "Ahora, tras la pandemia, muchos hosteleros han abierto el negocio con este formato, aunque antes renegaban o se podían permitir el lujo de no utilizarlo", explica.

Klimer provee de envases para delivery tan codiciados como los de GoXo, de Dabiz Muñoz; o del Escalope Armando, puesto en marcha por Nino Redruello

Así le han llegado propuestas durante estos meses en los que el batacazo de la hostelería y sus industrias auxiliares se ha hecho sentir en todos los niveles. "Nosotros nos mantenemos. Estamos sobreviviendo pero ha habido meses en los que hemos perdido dinero pero de momento sobrevivimos", afirma, tras reconocer que este año ha pedido dos créditos ICO: uno para pagar a proveedores y otro que no ha gastado pero que mantiene por un hipotético mal 2021.

"Hice un ERTE de un mes y medio para media plantilla pero luego vi que no podía decidir a quién sí tener o a quién no, así que contratamos a todos", sostiene, con el orgullo de haber tenido al pie del cañón a todos sus empleados.

Aprovechar la crisis

En circunstancias normales, Klimer habría surtido de material a varias decenas de bodas y caterings durante los meses de primavera. "Abril, mayo y junio son nuestros mejores meses porque hay bodas y eventos, y este año no ha habido nada de eso", se lamenta.

La solución ha pasado por abrirse a otros mercados y formatos, donde el desechable biodegradable ha tenido muchísima importancia. "Hemos trabajado mucho con chiringuitos de playa y también con las islas y con Marbella", asegura, que se han convertido más que nunca en puntos calientes este verano.

También los hoteles han sido una vía de escape para parte de estos productos. "Hemos adaptado producto a la situación de la Covid19 en hotelería, como campanas para bufé, bolsitas biodegradables para cubiertos, menaje desechable...", reivindica. "Se trataba de seguir moviéndose. No me vale el que ahora viene y dice 'he estado pensando este tiempo'. Creo que había que actuar, no pensar", ratifica, con la intención de que la rueda siga girando.

"Es el momento de fidelizar al cliente en los restaurantes y de volver a tratarle bien, para que vuelva, con pequeños detalles"

"Creo que la crisis es una oportunidad y va a servir para que se queden los mejores: restaurantes, camareros, cocineros... y además es un buen momento para invertir y gastar en ese cliente fiel. No digo 20.000 euros, pero sí 100, en renovar unos determinados platos, por ejemplo", considera.

"Entramos en una época de fidelización después de que se haya maltratado al cliente en ocasiones con dobles turnos, metiéndole prisa en los restaurantes o no siendo tan amable como se debería porque tenías lista de espera y el local lleno", enfatiza.

Un futuro más sostenible

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La relación de Klimer con el delivery y con los envases desechables forma parte del ADN de esta empresa, por eso las modas de lo biodegradable no le sorprenden, con las que lleva trabajando varios años. "Tenemos envases biodegradables en cartón, en caña de azúcar, en bambú, en papel", comenta y reivindica: "nuestros productos biodegradables están hechos con residuos. Todo son fibras recuperadas, ya sean de caña de azúcar tras el refinado o con las hojas de palmera. Nuestros proveedores no cortan árboles para elaborar los envases; aprovechan los subproductos de otras industrias", aclara.

Aunque sabe que la batalla de lo ecológico tiene algo de moda. "Es una moda que ha llegado para quedarse pero se debe ser consciente de lo que cuesta elaborar estos productos, que es algo que no siempre se tiene en cuenta", insiste. "Es un problema de distribución que al plástico no le pasa. Nuestros proveedores de caña de azúcar están en Asia, lo que supone tiempo de viaje y falta de flexibilidad en situaciones como las que hemos vivido. Eso con el plástico no pasa", apostilla y recuerda: "el plástico, si se recicla como es debido, no tiene por qué ser un problema".

"En Klimer los únicos plásticos que vendemos son los de R-Pet de las tapas de algunos envases, que son de plástico reutilizado. No utilizamos ni plástico virgen, ni productos vegetales vírgenes, más allá de algún cartón", sostiene.

Un horizonte entre fogones

Comiendo o cenando más de 500 veces al año fuera de casa, queda claro que la devoción de David Ramos por la hostelería y la restauración no es sólo una cuestión laboral, sino también de divertimento. "Me encanta comer fuera, compartir, charlar y disfruto mucho de estos momentos, ya sea con amigos, con clientes o con la familia".

Por eso no extraña que aún a sus 38 años se marque en un horizonte no muy lejano dar el salto a la hostelería. "Me encantaría pero sobre todo por ser anfitrión y poder hacer felices a mis amigos y a mis clientes en mi casa. Sería algo manejable, tranquilo, con poquitas mesas y que me permita hacer otras cosas", explica.

"Una casa de comidas en Madrid, o algo pequeñito, como el Cala Jondal [el chiringuito que ha abierto Rafa Zafra en Ibiza este verano]. Un concepto tranquilo que no suponga salir de Klimer corriendo para llegar a un servicio", aclara. "Ya trabajo ahora 12, 14 y 16 horas diarias, así que si monto un restaurante no es para hacer lo mismo que en Klimer o tener prisa y estrés de salir de un sitio y entrar en otro", asegura. "Si no cocino más es porque no tengo tiempo", admite.

Lo que está claro es que si alguna vez vemos el restaurante de David Ramos, tendremos claro que ideas y mimbres para montarlo no le van a faltar.

Imágenes | David Ramos / Klimer

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