El alcohol es una de las drogas más populares del mundo y millones de personas lo consumen, sin saber sus verdaderos peligros y efectos en el organismo. El cerebro puede verse notoriamente afectado por su ingesta, pero la buena noticia es que también puede recuperarse (hasta cierto punto) si dejamos de beber o reducimos su consumo notablemente.
Aunque incluso cantidades relativamente bajas de alcohol son perjudiciales y no existe una dosis segura para su consumo, los efectos dañinos de su ingesta se relacionan con la cantidad y el tiempo consumido: a más cantidad, más daños en el cerebro.
Los daños del alcohol en el cerebro
La evidencia científica ha demostrado que con el tiempo, el alcohol puede alterar el funcionamiento y la estructura del cerebro provocando incluso una disminución en el volumen de materia gris.
Niveles de ingesta relativamente bajos ya alteran el cerebro, empeorando la ansiedad y la depresión, afectando el descanso nocturno y con el tiempo, aumentando el riesgo de demencia además de otros problemas de salud, como por ejemplo, el riesgo de cáncer de mama y colorrectal.
Aunque en un primer momento la ingesta de alcohol provoca la liberación de endorfinas y una cierta "euforia placentera" en nuestro organismo, posteriormente el alcohol resulta sedante y depresor del sistema nervioso.
Así, aunque pareciera que a corto plazo se reduce el estrés y la ansiedad bebiendo algo de alcohol, cuando el alcohol desaparece de nuestro cuerpo, los sistemas de estrés regresan con más fuerza y de esta forma se genera un efecto adictivo. Con el tiempo, se necesitan cada vez más volúmenes de alcohol para tener iguales efectos placenteros mediante la activación de los sistemas de recompensas cerebrales.
Con el consumo repetido y elevado, los cambios temporales pasan a ser cada vez más cortos, y a largo plazo el trastorno por consumo de alcohol (término clínico preferido para referirnos al alcoholismo) provoca daños severos en nuestro cerebro, incluyendo una reducción del volumen de materia gris y alteraciones de la percepción, las emociones y las funciones ejecutivas.
En casos graves, también se puede llegar a la demencia relacionada con el consumo de alcohol excesivo y crónico, así como a la incapacidad para formar nuevos recuerdos, ya que se pueden hasta destruir neuronas y regiones de nuestro cerebro, como lo demuestra una revisión publicada en 2024.
Pero incluso niveles relativamente bajos de alcohol (7 o más bebidas alcohólicas por semana) se asocian a volúmenes totales de materia gris inferiores a las personas que beben menos; y los estudios revelan que el consumo de alcohol de bajo moderado se asocia con un menor volumen cerebral y grosor cortical, aunque este impacto es menor que en quienes tienen un consumo excesivo o trastorno por consumo de alcohol.
Por todo esto, debemos considerar que ningún nivel de alcohol es beneficioso para el organismo ni seguro, pero cuánto mayor es el consumo mayor es el daño y los cambios cerebrales que se producen en nuestro cuerpo.
Lo que ocurre si dejas de beber alcohol
Aunque el alcohol puede hacer mucho daño en nuestro cerebro, la buena noticia es que cada vez son más los estudios que muestran que nuestro cerebro se puede recuperar y mejorar en determinados ámbitos si se reduce considerablemente el consumo de alcohol, o mejor aún, si la abstinencia es total y prolongada.
Por supuesto, los tiempos de recuperación cerebral variarán dependiendo la cantidad y duración del consumo de alcohol previo, así como de la edad de la persona, la presencia o no del hábito de fumar, el estado nutricional, y otras variables. Pero por regla general, al mes sin beber alcohol ya se observa una recuperación del volumen de materia gris y cambios favorables en la microestructura de la sustancia blanca.
En consumidores sin trastorno del consumo de alcohol, es decir sin alcoholismo o adicción marcada, un estudio demostró que permanecer un mes en abstinencia, sin beber absolutamente nada, mejoró la autoeficacia para rechazar el alcohol, incrementó el bienestar mental, mejoró la calidad del sueño y la salud física general.
Asimismo, en personas con trastorno del consumo de alcohol, a la semana ya se mostraron pequeñas modificaciones en su cerebro, mientras que al mes se observó el aumento del volumen de materia gris cerebral y después de los 6 meses los cambios estructurales fueron marcados, alcanzando su máximo a los 7,3 meses de abstinencia.
Por otro lado, hay estudios que muestran que la mayor parte de las funciones cerebrales se recuperaron en un plazo de entre 6 y 12 meses, incluyendo la atención, la función ejecutiva, la percepción y la memoria.
Estos cambios en la estructura del cerebro se vieron incluso reduciendo el consumo de alcohol a niveles bajos, sin una abstinencia total, según muestran las investigaciones. Por eso, aunque lo mejor es dejar de beber alcohol completamente, reducir su consumo al máximo posible, ya muestra beneficios.
Por supuesto, la recuperación puede no ser total aunque logremos la abstinencia después de un año; pero los beneficios son notorios y las mejoras tanto en la calidad de vida como en la expectativa a futuro son marcadas. Por lo tanto, evitar el alcohol sigue siendo la recomendación por excelencia para proteger la salud del organismo.
Referencias
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