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La Sierra de las Nieves y la tentación blanca

La Sierra de las Nieves y la tentación blanca
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La Sierra de las Nieves y sus Pinsapos (Abies pinsapo)

Hace ya unos cuantos años, más de lo que me gustaría reconocer, tuve la oportunidad de visitar con la universidad uno de los parajes naturales más bellos y desconocidos de España. El parque natural de la Sierra de las Nieves en la provincia de Málaga.

El recuerdo de esta excursión me vino a la cabeza a raíz de una presentación en TEDx de uno de los especialistas en nutrición que suelo seguir, Stephan Guyenet. En ella, se hacía referencia a un invento que puede que haya tenido más influencia en los índices crecientes de obesidad, que cualquier otra actitud o tipo de comida. Se trata del frigorífico.

Volviendo a la Sierra de las Nieves. En esa visita, tuvimos oportunidad de aprender sobre el tipo de aprovechamiento que se hacía de ese paraje en otros tiempos. Uno de esos aprovechamientos, y uno de los más llamativos, eran los neveros.

En zonas altas de la sierra, algunos vecinos de pueblos cercanos, cavaban un gran hoyo en el suelo, de forma circular, y lo iban rellenando o se rellenaba de nieve. Esta se iba apelmazando y comprimiendo por su propio peso y con capas de paja intercalada, y se formaba hielo. Luego, los heleros cubrían el hoyo con paja y de esta forma, cuando llegaba la época del deshielo, podían subir con burros, cortar hielo y bajar a los calurosos pueblos de la costa malagueña para venderlo. Al rico hielo de la sierra, debían gritar.

No estamos hablando de miles de años, esta fue una práctica que se realizó hasta los años 50 del siglo pasado. Como es natural, el frigorífico lo cambio todo y obligó a estos vecinos a buscar fortuna en otras profesiones.

Nevero
Nevero conservado en la Sierra de las Nieves

La vida sin frigorífico

Pensad por un momento, ¿cómo era la vida antes del frigorífico? Por obligación, los productos que consumíamos deberían ser frescos, de temporada y además muy locales. No había camiones refrigerados, y en nuestras casas la comida se hacía y consumía casi en el día. Por supuesto, tampoco era posible comprar y congelar.

Nevera

Hasta ahí nada raro. Pero el hecho de tener un armario en casa, lleno de comida, las 24 horas del día supuso un cambio en nuestras costumbres y en nuestra accesibilidad a la comida que no debería pasar desapercibido. La tentación de comer entre horas siempre puede aparecer, pero si tenemos una formar rápida y sencilla de satisfacerla, la fuerza de voluntad para evitar ir a la nevera se me antoja casi imposible de resistir.

En otros tiempos, podríamos acceder a conservas, o frutos secos, o frutas, pero difícilmente podríamos acceder un chocolate en verano o a un helado, o a un bollo, o a una azucaradísima bebida refrescante bien fresquita. Si uno tiene emplear tiempo y energía en conseguir la comida, esos impulsos, esa pereza, entra en competencia con el hambre. De algún modo la compensan. Sin embargo, si uno sabe que en cualquier momento del día, puede satisfacer su instinto de comer con cero esfuerzo, ¿qué nos lo impide?

Por supuesto, no es práctico ni realizable, que en nuestra sociedad renunciemos a un electrodoméstico tan útil (y por cierto, tan caro energéticamente hablando) como los frigoríficos. Sin embargo, no está de más pensar, que tener esa tentación blanca disponible a todas horas y todos los días del año, juega muchas veces en nuestra contra.

¿Qué podemos hacer para contrarrestar la tentación blanca?

Por ejemplo, limitando la cantidad de bebidas azucaradas, dulces o cualquier otro productos de esos que nos dan ganas de comer mucho más de lo que deberíamos. Por supuesto, la tentación no está solo en la nevera, sino también en las despensas, donde podemos acumular demasiados frutos secos, demasiados snacks y demasiadas golosinas.

¿Qué otras ideas se os ocurren para evitar las tentaciones de almacenar alimentos que no deberíamos? ¿Qué efecto pensáis que han podido tener las neveras en nuestra forma de comer?

Por cierto, antes de que se me olvide, próximamente publicaré una entrevista con Stephan Guyenet, que tiene cosas muy interesantes que contarnos sobre nutrición y especialmente, en cómo el tipo de comida influye en nuestro cerebro y nos lleva a comer más de lo que deberíamos.

Imagen | Por montuno

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