Este gesto en un hotel a ti no te cuesta casi nada, pero a las limpiadoras les facilitas mucho la vida

Si eres capaz de emplear cinco minutos en esto, te aseguro que te lo van a agradecer

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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A menudo, sobre todo en vacaciones, tenemos el vicio o mala costumbre de pensar que la gente que nos sirve se convierte, casi automáticamente, en nuestros sirvientes.

Me parece un error, evidentemente, sean hoteles, bares, cafeterías, restaurantes o, en general, cualquier tipo de establecimiento en el que puedes ser más considerado con el trabajo de la otra persona y no comportarte como un cretino.

Nada está exento de ello, claro. También vale en una tienda de ropa, por ejemplo, donde no suele haber necesidad humana de dejar la ropa de cualquier manera para que alguien llegue, la doble y la coloque.

Pero volvamos al punto inicial: vacaciones y hotel. Parto de la lógica base de que nadie, cuando está fuera de su casa, es igual de ordenado y metódico que en ella. Eso, no obstante, no debería significar que nos volvamos incívicos y desconsiderados con el trabajo de los demás, dejando como una cochiquera allí donde nos alojemos.

Tampoco estoy diciendo que paséis la aspiradora, pero sí que mantengáis un cierto respeto por el personal de limpieza –no especialmente bien remunerado– que tendrá que hacer tu habitación.

Y a ese personal, habitualmente maltratado laboralmente, le puedes hacer un pequeño favor el día que vayas a hacer el check out que te puedo asegurar que agradecen y tiene que ver con la cama.

De por sí, no soy partidario de que a diario me hagan la cama del hotel cuando me alojo en uno de ellos. O que hagan el baño. Creo que todos –o casi– podemos sobrevivir con una cama no inmaculadamente hecha. Ídem con el baño.

Por eso, cuando vayas a dejar una habitación, desvestir la cama puede ayudar a las limpiadoras de piso más de lo que imaginas. Simplemente, saca las sábanas, el edredón o nórdico y las fundas de las almohadas. 

Es un gesto que no te va a llevar más de cinco minutos, pero si ahora multiplicas esa dinámica por todas las habitaciones que tiene que hacer una limpiadora, las cuentas son bastante generosas. Y no, no es solo una cuestión de tiempo, sino también de carga laboral y de fatiga física.

Imágenes | Liliana Drew

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