A Johann Wolfgang von Goethe se le conoce por su faceta de escritor romántico, pero este autor también fue un inquieto naturalista con una gran curiosidad hacia el mundo. Lo puede descubrir quien visite una de las mayores atracciones de Weimar, el museo dedicado a su figura, que reúne una colección excepcional de objetos científicos. Y uno de ellos acaba de revelar un hallazgo histórico, una hormiga de unos 40 millones de años.
El primitivo insecto ha sido descubierto atrapado en una de las piezas de ámbar que forman parte de la mencionada colección, una de las grandes joyas que forman parte de los fondos del Goethe-Nationalmuseum, en Weimar, la ciudad alemana donde vivió desde 1782 hasta su muerte en 1832. La institución incluye la residencia del autor, la Goethes Wohnhaus, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del conjunto Classical Weimar.
Goethe llegó a acumular más de 26.000 obras de arte de diverso tipo y alrededor de 23.000 objetos científicos, piezas que reunió no por capricho o de forma aleatoria, sino para su “propia formación lógica”. Además, puso mucho interés en que esas colecciones se conservaran completas para sus descendientes y para la posteridad, tarea de la que se encarga hoy el museo y las instituciones asociadas.
Goethe-Nationalmuseum
Pero esos objetos no permanecen como piezas estáticas y muertas de museo acumulando polvo en los depósitos o exhibiéndose en vitrinas para disfrute del turista. Casi dos siglos después, siguen dando sorpresas a la ciencia.
Investigadores de la Universidad Friedrich Schiller de Jena han podido localizar la fascinante hormiga fosilizada gracias al uso de avanzadas técnicas de imagen, pues el insecto no es visible a simple vista analizando la pieza de ámbar. Para ello, escanearon el objeto en el Deutsches Elektronen-Synchrotron (DESY), uno de los centros de investigación de aceleradores de partículas más importantes del mundo, utilizando tomografía microcomputada con luz de sincrotrón. Y obtuvieron imágenes tridimensionales de un mosquito fúngico, una mosca negra y una hormiga.
Los resultados de la investigación acaban de ser publicados en la en la revista Scientific Reports de Nature, donde y sus autores explican que es la hormiga la que más interés y valor ha despertado en la comunidad científica.
“La hormiga pertenece a la especie extinta Ctenobethylus goepperti, muy común en piezas de ámbar”, explica Bernhard Bock, investigador de la Universidad de Jena. “Sin embargo, gracias a su excelente conservación y a los análisis exhaustivos, hemos podido describirla con mayor detalle que nunca y obtener nueva información sobre la especie y sus relaciones”.
El hallazgo, que por primera vez permite restaurar por completo el insecto y reconstruir con detalle estructuras de la cabeza y del interior, puede verse con detalle a través de modelos interactivos en 3D, de libre acceso para todo el público interesado. Se trata de un modelo que permitirá a otros investigadores y arqueólogos a identificar y comparar fósiles de la misma especie.
Aunque Goethe llegó a reunir unas 40 piezas de ámbar que obtuvo en torno al mar Báltico, el autor alemán parece que no llegó a interesarse especialmente por su valor científico, más allá de examinar las posibilidades ópticas de la resina. Lo más probable es que jamás tuviera conocimiento de las diminutas joyas que escondía el ámbar en su interior. Hoy se conservan en el Museo Nacional de Goethe de Weimar.
Este histórico hallazgo demuestra el valor que tienen las colecciones que albergan las instituciones museísticas, no solo conservando obras de artes visuales, pues son una puerta al pasado para la ciencia. “Es fascinante que una pieza que proviene de su mano y tiempo, en el que comenzó la ciencia de la morfología, pueda enriquecernos tanto hoy en día”, afirma Bock.
Referencia: Boudinot, B.E., Bock, B.L., Tröger, D. et al. Discovery of Goethe’s amber ant: its phylogenetic and evolutionary implications. Sci Rep 16, 2880 (2026).
Imágenes | Goethe-Nationalmuseum - Scientific Reports