Reconvertir un bar de barrio en una taberna de sushi en una de las capitales del pescaíto frito andaluz exigía un arriesgado salto de fe. Pero Silvana Buco y Nicolás Escalone tenían muy clara la visión de su local soñado, y no se equivocaron. Apenas año y medio después de abrir en pleno Motril, su restaurante de cocina japonesa se ha ganado un hueco en el corazón y estómago de vecinos y turistas de la ciudad andaluza.
Esta pareja de argentinos, hoy matrimonio con hijos, comenzó a labrar su relación personal y profesional en la localidad de San Antonio de Areco, en la provincia de Buenos Aires, donde durante más de una década trabajaron en su primer local de sushi. Pero las circunstancias del país les impulsó a emigrar a Europa, aterrizando primero en Italia, donde en 2024 pasaron unos meses encadenando trabajos temporales y distintos viajes mientras buscaban redirigir su futuro.
Fue casi de casualidad cuando un día acabaron en Granada, visitando a unos amigos argentinos, y quedaron totalmente conquistados por la belleza y el embrujo especial que tiene la ciudad de La Alhambra. Lo vieron como una señal para abandonar Italia e instalarse en tierras andaluzas, pues Granada no solo era la ciudad más bonita que habían visto nunca, también ofrecía la ubicación ideal con la estaban soñando.
La competencia hostelera en Granada es feroz, pero Buco y Escalone habían puesto el ojo en otra localidad de la provincia mucho más acorde con sus necesidades, Motril. Localidad costera de tamaño medio y con buenos servicios para que crecieran sus hijas, bien conectada con la capital y muy cerca de otras poblaciones como Málaga, Motril parecía el lugar perfecto donde establecerse y abrir su negocio soñado, un restaurante de sushi y cocina japonesa con alma de taberna de barrio.
Tal y como cuentan en El Ideal, al instalarse en Motril se dieron cuenta de que no había un local que se dedicase al sushi de forma específica, siendo como es la ciudad un templo del pescaíto frito y otras elaboraciones marineras. Y encontraron un local perfecto para sus necesidades, donde antes había estado un bar de tapas llamado el Mesón del Jamón. Tras varias pruebas de nombres, la respuesta a cómo bautizarían su negocio la tenían delante: el Mesón del Japón.
Renovado por completo el local para convertirlo en un espacio agradable que recuerda a las izakayas japonesas, sin disfrazarlo de atrezzo asiático, la pareja inauguró su restaurante taberna en la primavera de 2025, logrando un éxito casi inmediato. Su propuesta honesta, sin caer en el estilo de cadenas de cocina asiática tipo buffet de baja calidad, ni la moda de locales de cocina fusión sin personalidad, convenció rápidamente al público, a pesar de la sorpresa de encontrarse a dos argentinos al frente.
La carta del Mesón del Japón apuesta por el sushi y sashimi más auténtico, permitiéndose algún toque creativo y guiños al producto local, sin olvidar otros clásicos populares de la cocina japonesa, como las korokke o 'croquetas japonesas de patata', edamame, ebi tempura o katsudon, sin olvidar una pequeña selección de postres caseros donde no faltan los mochis. Y cuentan con la gran ventaja de disponer del pescado y marisco más fresco gracias a la lonja de Motril, incorporando productos locales como la quisquilla o el atún que compran a diario.
Otra característica que los diferencia de las cadenas clónicas de cocina asiática que abundan en capitales como Madrid o Barcelona es su carta reducida, pero bien surtida y seleccionada, en la que se permiten ir introduciendo variaciones según la temporada y lo que ofrezca el mercado. También ofrecen servicio para llevar.
Imágenes | Mesón del Japón
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