El destino tiene algunas casualidades cuanto menos curiosas. Una de ellas, por ejemplo, que dos televisivos Jordis nacidos en Cataluña compartan orígenes cacereños… y lo hagan en uno de los pueblos más singulares de Extremadura.
Hablamos de Jordi Hurtado, legendario presentador de Saber y Ganar, y de Jordi Évole, presentador de Salvados, cuyos orígenes familiares se encuentran en Garrovillas de Alcónetar, un pueblo de unos 2.000 habitantes a 45 kilómetros de Cáceres y que presume de plaza mayor… y de restos romanos.
De hecho, ambos Jordis son parientes: la abuela de Évole y el padre de Hurtado eran primos hermanos, por lo que la relación, más allá de lo televisivo, existe.
Plaza mayor de Garrovillas.
Lo que también existe –y de qué manera– es el esplendoroso pasado de Garrovillas de Alconétar, un pueblo que hasta hace apenas 25 años se conocía simplemente como Garrovillas y que presume, por ejemplo, de tener una de las plazas mayores más impresionantes de Extremadura.
Fachada de la Iglesia de Santa María de la Consolación.
O de, por ejemplo, el órgano renacentista –original– que supone el más antiguo de toda la península ibérica y que preside la Iglesia de Santa María de la Consolación.
El órgano renacentista de Garrovillas.
Lugar fundamental de la Lusitania romana, Garrovillas está cerca del cruce del río Almonte, afluente del río Tajo, por lo que en Alconétar se hubo de salvar el desnivel del río con un puente cuyas ruinas hoy se aprecian cerca del pueblo, aunque en los años setenta se trasladaron desde su ubicación original, debido a la construcción del embalse de Alcantára.
Torre del homenaje del Castillo de Garrovillas, sobresaliendo en el embalse de Alcántara.
Más ruinas, no tan antiguas, siguen alumbrando el pasado de Garrovillas como el castillo, inundado con represamiento del Tajo, y que florece en períodos de sequía. No accesible por coche, su silueta narra la historia entre dos aguas de la España musulmana y la España cristiana, siendo ya tomado por tropas leonesas en el año 1225.
Restos del convento de San Antonio de Padua.
Así se pueden seguir sumando hitos al patrimonio de Garrovillas, como el convento de San Antonio de Padua, erigido a mediados del siglo XV y desamortizado en 1835, Mendizábal mediante, que supuso expulsar a los franciscanos de la que fue su casa durante cuatro siglos. A la exclaustración se sumó el acoso local, en 1843, tras el saqueo del cenobio por miembros del pueblo que creían que allí se conservaban grandes riquezas.
Monasterio de Nuestra Señora de la Salud, en Garrovillas de Alconétar.
En pie, por fortuna, permanecen en el centro del pueblo edificios como el Monasterio de Nuestra Señora de la Salud –regido por monjas jerónimas–, del que salen espléndidos dulces conventuales, y la singular Iglesia de San Pedro, de marcada factura gótica, prácticamente aledaña al convento y que reivindican como pocos ese ejemplo de Garrovillas como lugar fundamental en el Renacimiento extremeño.
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