La picaresca mal entendida es una dinámica, por desgracia, casi universal. Especialmente en el mundo de la hostelería donde, a veces, se quedan algunos resquicios culturales por los que los empresarios acaban valiéndose de algunas pequeñas trampas para cobrar de más a determinado tipo de clientes.
Algo que ahora ha relatado el periódico francés Le Parisien con una experiencia a pie de campo –de poquísimo recorrido, pero a pie de campo– donde uno de sus redactores se hizo pasar por un turista estadounidense y fue a comer a un par de establecimientos de la capital francesa. En el otro sentido, otro de los redactores hizo lo mismo, pero dejando claramente visible que era francés.
El resultado, con el ticket en la mano, es que al periodista que se hizo pasar por un visitante norteamericano le salió más caro comer en París de lo que le salió a su homólogo francés.
Nada especialmente caro. Tampoco especialmente notable, sino más bien discreto, valiéndose de ciertas costumbres culturales que los clientes estadounidenses suelen tener, como la propina o el pago por el servicio, o ante el desconocimiento de las legislaciones europeas.
En este caso, ante dos comandas exactamente iguales (una lasaña, una cocacola y agua) en un restaurante del centro de la capital francesa, al 'estadounidense' le salió casi 10 euros más cara sin apenas hacer grandes cambios. Por ejemplo, al local se le ofrecieron tres tipos de refrescos (lata, mediano y grande), donde eligió el pequeño. Mientras tanto, al estadounidense solo se le ofrecieron los tamaños mediano y grande, sin dar opciones a algo más discreto.
Además de eso, mientras al turista local se le ofreció una jarra de agua gratis, como es mandatorio en territorio francés, al cliente estadounidense directamente se le sirvió, al pedir agua, una botella –otros seis euros–. De esta manera, el ticket del presunto comensal americano fue 9,5 euros más caro que el de su 'compañero' francés.
No es el único caso que en esta investigación de Le Parisien se ha exprimido al forastero. En otro establecimiento, al cliente estadounidense se le explicó que la tarifa del servicio no estaba incluida en la factura (algo irreal, pues en Francia el agua, el servicio y el pan no se pagan aparte) y que la propina era 'casi obligatoria', marcando cuatro euros de más en su ticket, pagándolo con tarjeta y donde, además, comprobó que tras aceptar pagar un 10% como deferencia, el camarero marcó el 15% dentro del datáfono, aumentando el precio de la propina.
Evidentemente, no todos los restaurantes franceses ni parisinos son iguales, pero que existe un abuso recurrente a los turistas en casi cualquier parte del mundo es algo muy evidente.
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