Navarra no decepciona si se busca un refugio de naturaleza exuberante y bonitos pueblos en los que huir de la ciudad. El Valle de Baztán, célebre por las novelas de Dolores Redondo, es un paraíso en cualquier época del año, con mucho más por descubrir de lo que parece en un primer vistazo. Hay visitas imprescindibles, como las cuevas de Zugarramurdi, que siguen siendo recomendables a pesar de ser de los enclaves más turísticos. Ahora bien, el pueblo de al lado es el que tiene el verdadero tesoro que nadie se debería perder.
Zugarramurdi se conoce popularmente como el pueblo de las brujas, un apodo que ha ganado más fama a raíz de la película de Álex de la Iglesia, pero que detrás de su atractiva iconografía de misterios y magia esconde uno de los episodios más trágicos de la historia de la brujería en España.
El pueblo en sí ya merece una visita, como todas las villas de esta zona navarra en la que se percibe en cada rincón la identidad vasca y vasco-francesa, regiones limítrofes de Baztán y que parecen confundirse en sus fronteras. Cualquier primer viaje a esta tierra debería incluir la entrada de la Cueva y, si es posible, al Museo de las Brujas, situado en el mismo pueblo, para complementar y comprender mejor la visita.
La cueva, cuyas leyendas mencionan aquelarres y rituales multitudinarios, es una impresionante estructura geológica formada por grandes galerías excavadas a lo largo del tiempo por las aguas del Orabidea, un arroyo que acompaña al visitante en el pequeño paseo por el bosque de los alrededores, incluido en la entrada, y que redondea la experiencia con las vistas de sus paisajes. El túnel principal sobrecoge cuando te encuentras frente a él por primera vez, con sus 120 metros de largo con alturas de hasta 12 metros y un juego de luces mágico, según el momento del día.
Dependiendo de cómo te pille la hora al terminar el recorrido, puedes comer o reponer energías en la propia aldea, o desplazarte hasta el pueblo vecino de Urdax, Urdazubi en euskera, a menos de dos kilómetros de distancia. Una pequeña localidad llena de encanto que, además, tiene sus propias cuevas, y son cuevas de verdad, de las de sumergirte en las entrañas de la tierra.
El pueblo de Urdazubi- Urdax y sus fascinantes cuevas
Urdax es una preciosa villa enmarcada por un paisaje privilegiado formado por bosques, prados, montañas y campos de cultivo, cuyo núcleo principal está atravesado por un canal de agua que alimenta al antiguo molino harinero, hoy bien conservado. Pasear por sus calles es un placer gracias a la peculiar arquitectura, combinando el estilo tradicional rural de la zona con el carácter señorial, con la influencia vasco-francesa siempre presente.
Muchas de las viviendas más llamativas son casas blasonadas construidas por los indianos, que mantienen su dignidad hoy en día y dibujar un bonito perfil en el centro del pueblo. Alrededor del canal hay varios locales donde se puede tomar algo o sentarse a comer o cenar con más calma, tras un paseo en el que conviene incluir el antiguo monasterio de San Salvador del siglo IX, que tiene su importancia como hospedaje de peregrinos. Su claustro medieval acoge una interesante exposición de autores contemporáneos.
Es en las afueras del pueblo donde se encuentra el centro de visitantes de las cuevas de Urdazubi Urdax, conocidas también como cuevas de Ikaburu, para cuya visita es imprescindible comprar las entradas con antelación en alguno de los turnos que se ofrecen en distintas horas del día, según la época del año. Si te toca tras una racha especialmente cuantiosa en lluvias, quizás tengas la mala suerte de encontrarte las visitas suspendidas temporalmente.
Las grutas de Urdax se consideran el yacimiento prehistórico del Paleolítico superior más importante de Navarra, y actualmente solo se puede acceder a ellas con una visita guiada en grupos reducidos. La primera mención a su existencia de la que se tiene noticia es de 1808, cuando servía de refugio en plena Guerra de la Independencia. Ya en los años 60 del siglo XX cobró interés turístico, y posteriormente pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de la localidad, trabajando desde entonces por su conservación, investigación y divulgación pública.
Sin duda, es una visita que merece mucho la pena como complemento, y colofón, a la de Zugarramurdi. El guía que te acompaña hace que el recorrido sea muy ameno con explicaciones sencillas que despiertan el gusanillo por conocer mejor lo que se oculta debajo de la tierra, cómo se han formado y qué minerales y pequeñas criaturas lo habitan. La presencia del riachuelo Urtxume y las leyendas que lo acompañan completan la experiencia, además del juego de luces y sonidos que se han instalado para la visita.
Es fascinante recorrer las intrincadas galerías naturales, modificadas en algunos puntos por el ser humano a lo largo de la historia, pasando por fascinantes estructuras de estalactitas y estalagmitas formadas lentamente a lo largo de los siglos, creando una arquitectura subterránea que puede evocar a escenarios de ciencia ficción. Es un recorrido sencillo apto para todas las edades, pero se recomienda ir con calzado cómodo.
Imágenes | DAP
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