
Las pautas que marcábamos el otro día para el Rioja son perfectamente extrapolables al resto de zonas vinícolas, existe una tendencia más moderna de vinificación en la que prima el impacto frutal sobre la incidencia de la madera en el vino.
Una de las cosas que menos me gusta de esta nueva línea moderna es que rompe con la clásica clasificación vinícola en función del envejecimiento (Crianza, Reserva, Gran Reserva) apelando a que los tiempos de guarda del vino son estipulados por las características de la materia prima (el vino) y por tanto variables y no por un rígido parámetro estándar.
Pero se olvidan de que implícitamente, a los tiempos de guarda en barrica, la clasificación clásica también prestaba atención al tiempo que el vino debía de madurar en la bodega en la propia botella, necesario por otra parte para que el vino alcance un óptimo momento de consumo. Estos tiempos en botella son completamente obviados por las modernas bodegas, poniéndose a la venta inmediatamente después de su embotellado y trasladando al cliente ese esencial tiempo de maduración del vino en la botella.









