Quien busque una escapada —o unas largas vacaciones— con vistas al mar para empaparse del ambiente marinero de las antiguas villas de pescadores, Andalucía ofrece un sinfín de destinos a lo largo de sus kilómetros de costa. Pero merece la pena llegar casi hasta el final lindando con Portugal, para descubrir todos los encantos que ofrece el último municipio la provincia de Huelva.
A orillas del río Guadiana se extiende Ayamonte, una población que mira al mar, al río y a la marisma fluvial que se forma en la desembocadura. Sigue al río en su margen izquierda, encontrándose al otro lado la vecina Portugal, compartiendo con la lusa Castromarín esa boca del río, uniéndose ambas mediante el Puente Internacional del Guadiana.
El entorno de este municipio es de gran riqueza paisajística y natural, encontrándose parte en el Paraje Natural de las Marismas de Isla Cristina. Rodeado de tierras pedregosas, cerros y ribazos que canalizan las aguas y dibujan un paisaje entre agrícola y salvaje, su gran atractivo se despliega en torno al paseo marítimo, la marisma, el puerto, las playas de arena fina y su precioso casco histórico.
Habitada la primitiva villa desde la Edad de Bronce, los pueblos antiguos han dejado su huella gracias a su posición estratégica en la Península Ibérica y los recursos marinos que ofrece. De la época romana se conservan restos de una antigua fortaleza, posterior castillo, hoy convertido en el Parador de Turismo. Pero lo más destacado de la arquitectura de Ayamonte es cómo convive el ambiente marinero de un pueblo tradicional de pescadores con las casas más nobles y señoriales de los antiguos indianos y familias adineradas que se asentaron en la villa, muchas de las cuales aún se conservan en magnífico estado.
Es Ayamonte una población típicamente costera, de casas blancas encaladas, con su casco antiguo de calles empinadas, callejuelas, bonitas plazas y viviendas burguesas. Destacan, por ejemplo, la Casa Grande, una antigua casona que hoy es Casa de Cultura, el Ayuntamiento con su bello patio mudéjar, y el Cine Cardenio, de estilo neoclásico. En arquitectura religiosa hay que mencionar la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, del siglo XV, con un notable artesonado mudéjar, así como el convento de San Francisco y las iglesias de la Merced y el Salvador.
Pero si algo atrae a los onubenses y visitantes en cuanto llega el buen tiempo, que en esta tierra se disfruta durante muchos meses, es su zona más costera, con el Paseo de la Ribera como gran centro de la localidad, que casi es una gran plaza. Ubicado frente a la dársena del Puerto Deportivo, fue diseñado a mediados del siglo XX por el arquitecto Aníbal González y cuenta con un toque elegante y exótico gracias a las palmeras que lo jalonan y su decoración de azulejos. Es el lugar perfecto para pasear junto al mar y elegir una terraza para tomar algo o probar el pescado más fresco en alguno de sus restaurantes.
Además, recientemente se estrenó otro paseo marítimo sobre una pasarela de madera que adentra al visitante hacia las marismas, regalando unas vistas espectaculares de la desembocadura del río Guadiana, que cobra especial belleza al amanecer y al anochecer, con el juego de luces de postal que tanta fama han dado a esta localidad costera.
A escasos kilómetros del núcleo urbano se encuentran sus excelentes zonas de baño, con playas kilométricas de gran calidad. La más famosa es Isla Canela, una playa muy abierta de arena fina y más de 5 kilómetros de longitud, que cuenta con puerto deportivo y campo de golf. Muy cerca está Punta del Moral, un antiguo pueblo de pescadores, donde son muy populares los restaurantes y chiringuitos que preparan arroces a la marinera. Además, también se puede cruzar a Portugal para hacer una breve visita en un trayecto de apenas 10 minutos en ferry, o conduciendo a través del puente colgante.
Imágenes | Flickr/Bert Kaufmann - Wikimedia Commons/Marc Ryckaert - Ayuntamiento de Ayamonte