
Siempre que hablan de la fórmula secreta de la Coca-Cola, me imagino a un señor con delantal mezclando ingredientes como un descosido, mientras mira constantemente hacia atrás con miedo de que cualquier mindundi que pase por ahí descubra la enigmática formulación. Porque en algún momento de la cadena de fabricación tendrán que decir eso de: una tacita de extracto de coca, 50 gr. de cafeína, una pizquita de nuez moscada, un chorreón de agua…
El caso es que la dichosa fórmula es uno de los secretos mejor guardados de la historia, o al menos la movida les ha servido para alimentar el mito y colocarse en un lugar de excepción (¿a alguien le ha importado alguna vez la fórmula secreta de la Pepsi?); y justo en estos tiempos en los que Grissom es capaz de poner un chorrito de cualquier cosa en el cromatógrafo de gases, y saber a ojos cerrados si lleva mostaza o ketchup y en qué medida, a los señores de la cola les ha dado por sacar la fórmula de paseo. O al menos eso dicen, que exponer, exponer, solo exponen una caja.






