En 2026, que un país se empeñe en comprar el territorio que pertenece a otro suena tan agresivo como extemporáneo. Pero, como se empeña siempre en recordar Donald Trump, su insistencia con respecto a adueñarse de Groenlandia no tiene nada de raro. Es, simplemente, la vuelta a cómo se hacían las cosas el pasado siglo.
Dinamarca, de hecho, ya le vendió parte de su territorio a Estados Unidos, dentro del reparto colonial que siguió al fin de la I Guerra Mundial. Fueron, en concreto, tres islas situadas en el archipiélago de las Islas Vírgenes –Santa Cruz, San Juan y Santo Tomás–, además de diversas islas menores que les rodean. Islas que hasta entonces se habían conocido como las Indias Occidentales Danesas y que, tras la compra, en 1917, se bautizaron como las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
Las islas habían sido muy útiles a la corona danesa debido, principalmente, al tráfico de esclavos, que se empleaban en las plantaciones de azúcar o se vendían a las islas vecinas.
Las Indias Occidentales Danesas fueron el nodo principal de tráfico de esclavos entre Guinea y América: en total fueron transportados 120.000 esclavos desde los fuertes daneses de Guinea hacia las islas del Caribe, de los cuales unos 50.000 fueron enviados a trabajar a las Indias Occidentales Danesas.
Los propietarios de las plantaciones de azúcar de las islas amasaron inmensas fortunas. En concreto, la familia Schimmelmann fue una de las más beneficiadas, y, además de ser la familia más rica de Dinamarca en el siglo XVIII, colocó a sus miembros en lo más alto del Gobierno: Heinrich Carl von Schimmelmann fue ministro de finanzas entre 1768 y 1782, y su hijo Ernst Heinrich von Schimmelmann ocupó el mismo puesto desde 1784.
Skytsborg es la única torre de vigilancia que se conserva en St. Thomas del período colonial.
Una venta ampliamente negociada
La boyante economía de las Indias Occidentales Daneses se fue no obstante muy pronto a pique. Y es que era insostenible sin el tráfico de esclavos.
Según las estadísticas oficiales, para 1733 el 80 % de la población de las islas era esclava. Pero, aunque el territorio contaba con unas de las leyes más duras contra estos –el reglamento de Gardelin–, las autoridades no pudieron evitar una rebelión en San Juan que logró hacerse con el control de la isla durante cinco meses.
Ya a principios del siglo XVIII surgieron voces críticas con respecto al tráfico de esclavos en el seno mismo de la Compañía de las Indias Occidentales, pero no fue hasta 1848 cuando se abolió la esclavitud. Fue después de que 8000 esclavos se manifestaron en las calles exigiendo libertad y rechazando la propuesta del rey danés de una liberación gradual durante 12 años. Los esclavos amenazaron con hacer estallar una rebelión e incendiar la ciudad.
Tras la abolición de la esclavitud, y aunque la situación de estos no mejoró en absoluto, las islas, poco a poco, dejaron de ser rentables. Y fueron los propios políticos daneses los que empezaron a ver con buenos ojos su venta.
Ruinas de una destilería de ron en St. Croix.
Groenlandia, a cambio de las islas
Ya a finales del siglo XIX, Dinamarca entabló negociaciones para vender el territorio a dos bandas, tanto con Alemania como con EEUU, que quería evitar que otro país europeo tuviera territorios en lo que consideraba su zona de influencia.
En 1902 se llegó a aprobar un plan de venta de las islas a EEUU por valor de 5 millones de dólares que se votó a favor en el Folketing danés, el parlamento, pero fracasó en el Landsting, la cámara alta, debido a la mayoría que ostentaban las fuerzas conservadoras, preocupadas por una nueva pérdida de territorio danés.
El estallido de la I Guerra Mundial en 1914 aceleró los planes de la venta, pues Dinamarca, pese a mantenerse neutral, fue incapaz de mantener una conexión estable con sus colonias dispersas en el Caribe. En 1915 hubo, de hecho, una huelga general en las islas, liderada por la población negra, que tuvo que ser sofocada con el envío de un crucero de guerra. El gobierno danés se inmiscuyó rápidamente en el asunto, principalmente porque la rebelión podía dar al traste con sus planes de venta.
El puerto de Charlotte Amalie en una postal turística estadounidense de 1900.
Estos se habían estado llevando en secreto durante meses entre el presidente estadounidense Woodrow Wilson y el secretario de Estado danés Robert Lansing. Cuando se hicieron públicas en Dinamarca en 1916, estallaron protestas nacionalistas, pero el Gobierno decidió salirse por la tangente y convocar un referéndum: el primero en la historia de Dinamarca.
La mayoría votó a favor de la venta a Estados Unidos. El 1 de abril de 1917, se selló el acuerdo por una suma de 25 millones de dólares. Curiosamente, como parte del acuerdo, Estados Unidos reconoció la soberanía danesa sobre Groenlandia, rechazando las reivindicaciones de Noruega –que se había independizado de Dinamarca en 1814– sobre una parte de ese territorio.
Tras la venta, la corona danesa siguió siendo la moneda oficial de las islas hasta 1934, cuando se remplazó por el dólar estadounidense.
Curiosamente, las Islas Vírgenes es, hoy por hoy, el único territorio de EEUU en el que se conduce por el carril de la izquierda. Y es que, aunque en Dinamarca se empezó a conducir por la derecha a finales del siglo XVIII, el cambio nunca llegó a las Indias Occidentales Danesas.
Imágenes | NASA Earth Observatory/Wellcome Collection/National Register of Historic Places/Cumulus Clouds/Montgomery Ward & Co