Algunos productos forman simplemente parte de la despensa y otros acaban formando parte de la memoria colectiva, incluso de la cultura gastronómica de un lugar. En Mallorca, Laccao pertenece claramente a la segunda categoría. El emblemático batido de leche y cacao seguirá vendiéndose con normalidad, pero deja atrás de forma definitiva la isla en la que nació, tras el cierre de Agama.
Según informa Diari de Mallorca, toda su producción se trasladará fuera del territorio balear. La noticia tiene algo de pequeño seísmo sentimental: durante décadas, Laccao no fue solo una marca, sino una costumbre doméstica a base de desayunos rápidos antes del colegio, meriendas de verano y un sabor reconocible que, para varias generaciones, sabía literalmente a casa.
Símbolo de la industria local
Su historia arranca en 1944, cuando comenzó a comercializarse en Mallorca y fue ganando presencia hasta convertirse en uno de los productos más identificables del consumo cotidiano en la isla. Más tarde, con la creación de Agama en 1958, el batido terminó consolidándose como uno de los grandes símbolos de la industria láctea mallorquina.
El proceso de desvinculación, en realidad, venía de atrás. La marca pasó hace años a integrarse en Cacaolat, participada por Damm, y parte de la producción ya se había trasladado a plantas de Catalunya. Botellas de vidrio, minibricks y otros formatos llevaban tiempo elaborándose fuera de la isla.
Último eslabón
El último vínculo productivo con Mallorca era el brick de un litro, que todavía mantenía parte de su fabricación en la isla. Con el cierre reciente de Agama, también ese formato se trasladará, lo que supone el final definitivo de la producción local.
Eso no significa que desaparezca del mercado. El producto seguirá presente en supermercados, bares y hogares mallorquines, manteniendo su continuidad comercial. Lo que cambia (aunque el consumidor no esté llamado a notarlo) es el lugar de fabricación, no la presencia en lineales ni, en principio, la receta que lo ha hecho reconocible durante décadas.
Más allá de lo industrial, la noticia tiene una lectura casi emocional. Hay marcas que sobreviven al traslado de fábricas, pero pierden parte de su relato. En este caso, Laccao seguirá llenando vasos, aunque ya no lleve ese sello insular que durante tanto tiempo lo ha convertido en algo más que un simple batido de cacao.
Foto| Laccao
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