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¿Queremos volar en un restaurante Michelin?

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En términos generales, los alimentos ofrecidos en la clase económica de la mayoría de la líneas aéreas no presentan gran interés a nivel gastronómico. A la inversa, el servicio en Primera Clase se ha convertido en un verdadero laboratorio dónde se ejecuta comida gourmet de alto vuelo.

Es cada vez más común que las líneas aéreas soliciten la asesoría de grandes chefs para elaborar los menús de Primera Clase y de Business. Algunos logran la hazaña de reproducir sus platos insignia que adaptan a las especificidades del medio aéreo sin perder toda su magia y originalidad.

Hace poco, Air France contrató a la chef Anne-Sophie Pic, con tres estrellas Michelin, para elaborar el menú de la cabina "Première". Por su parte, Singapore Airlines cuenta con los servicios de los reconocidos chefs Georges Blanc y Yoshihiro Murata, ambos también con tres estrellas Michelin. Iberia ha por su parte implementado desde el 2011 menús de alto nivel elaborados por cocineros de prestigio como Paco Roncero o Ramón Freixa para su clase Business Plus.

La tendencia va hacía un servicio individualizado de mayor calidad cercano al de un restaurante de lujo. Además de los alimentos, las líneas aéreas prestan particularidad atención a los vinos que son propuestos. Los maridajes son elaborados por sommeliers internacionales con inversiones millonarias en grandes etiquetas y champagnes como Dom Perignon o Krug Grande cuvée.

Comida Fisrt 1

Especialistas del sector estiman que el coste de producción de una comida individual en clase económica es de 5 a 9 euros mientras los costos para la clase business van de 15 a 30 euros. Por su parte el coste por pasajero de primera puede alcanzar varios cientos de euros según la línea aérea.

Frente a este fenómeno del "estrellato culinario", podemos preguntarnos si finalmente todos estos esfuerzos e inversiones millonarias valen la pena desde el punto de vista gastronómico. Si además tomamos en cuenta el hecho de que en los aviones la comida no sabe igual, podríamos intuir que se trata simplemente de una política de mercadotecnia de lujo para justificar el alto coste de los billetes.

En conclusión, la gastronomía a bordo de los aviones es una industria compleja llena de retos. Los ingredientes de prestigio y los grandes vinos de las clases superiores contrastan con el típico pollo con pasta de la clase económica. Sin embargo sería ingenuo esperar una comida tres estrellas pagando un billete de avión low cost.

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