Pocas cosas dan tanta satisfacción como ver la reforma terminada. Pero esa sensación se desvanece al instante cuando ves el suelo. Hay una capa de polvo blanco sobre cada centímetro cuadrado, pegado con la tenacidad del cemento y el odio del albañil que no puso lona protectora.
Y no hablamos de polvo normal. Es una mezcla de yeso, restos de obra y suciedad que se mete en juntas, esquinas y debajo de los muebles. Ni la mejor aspiradora lo soluciona a la primera. Esto requiere paciencia, método y varios cubos de agua con productos ácidos (literalmente).
El primer paso es aspirar a conciencia. Luego toca pasar una mopa húmeda para atrapar lo que se ha escapado. Y después, empezar el fregado. Pero no con cualquier cosa: se necesita un limpiador desincrustante que rompa la cal y el polvo fino.
Estos extremos siempre irán en función del tipo de suelo: porcelánico, vinílico, pvc o spc, cada uno es un mundo y es importante tenerlo en cuenta a la hora de comprar productos específicos.
Según el tipo de suelo
Si el suelo es de madera, mucho cuidado: evita los productos agresivos y opta por soluciones específicas para parquet. En suelos porcelánicos o de cerámica, puedes usar limpiadores ácidos con mayor confianza, siempre siguiendo las instrucciones del fabricante.
En superficies de piedra natural como mármol o granito, conviene no usar vinagre ni lejía, ya que pueden dañarlas. En su lugar, busca productos neutros o soluciones suaves con jabón y agua templada. Siempre es mejor hacer una prueba en una zona menos visible antes de aplicar en todo el suelo.
Mopas de microfibras
No obstante, el truco está siemre en no empapar el suelo, sino humedecerlo ligeramente para evitar que el polvo se convierta en barro. Y siempre usar paños de microfibra o mopas resistentes, porque si no acabarás extendiendo el problema en lugar de limpiarlo de verdad.
Atención especial a las juntas de azulejo, esquinas y rincones difíciles. Ahí se acumula lo peor. Puedes usar un cepillo de dientes viejo o una esponja dura. No es glamuroso, pero el suelo quedará como nuevo.
Y si hay manchas de pintura o cemento seco, no lo rasques con espátula (a menos que quieras dañar el material). Usa vinagre caliente o productos específicos para remover sin rayar.
Una vez limpio, toca ventilar bien y dar un último repaso con agua y un toque de suavizante. El suelo recuperará su brillo, su textura y su dignidad. Y tú, la voluntad de volver a vivir en esa casa.
Foto | Maria Ovchinnikova
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